Abruma la oferta de eventos
para motos trail; cuesta decidirse por uno concreto. Conocer al organizador,
ayuda. Hace años que vamos a las rutas on road organizadas por los extremeños
de IBS y siempre nos han parecido gente seria y formal.
Así que Pablo, Ignacio y servidor nos apuntamos a su evento off road “AVENTURA TRAIL IBS 2025” cuyo trazado recorrerá la zona comprendida entre La Vera y Plasencia
Coche (el de Pablo en este
ocasión, muy cómodo, por cierto), carro con las tres motos (DRZ, 690 y Rally
300) y en marcha para Jaraiz. Llegamos justo a tiempo para acudir al briefing y
escuchar las recomendaciones sobre el uso del roadbook digital utilizando la
aplicación “TERRAPIRATA”
Una vez hecha la logística
de carro, motos, equipaje y alojamiento (un fantástico piso muy amplio y
cómodo) nos vamos de excursión por el pueblo a buscar un sitio para cenar.
Cenamos rico y con buen ambiente en el restaurante “Kiosko”, muy cerca de la
zona de salida a ruta que haremos mañana al amanecer.
La salida incluye desayuno
previo en el Mesón Santa Ana, situado en la plaza del mismo nombre.
Poco a poco se va llenando
la salida de motos y moteros con buen ambiente pero sin ser multitud.
Salimos a ruta y antes de
llegar a Jarandilla ya nos damos cuenta, de que a nivel paisajístico, la ruta
es impresionante. La zona es muy bonita pero además el agua la ha pintado de
verde intenso. La temperatura: perfecta
En mi caso, el roadbook
digital es una pesadilla. Se me apaga la aplicación cada poco tiempo y paso a
la retaguardia con la versión track, dejando que mis compañeros naveguen con el
rutómetro.
Hasta Cuacos de Yuste la
ruta no tenía ninguna dificultad, pero después del monasterio, empieza una
subida picante que nos llevará a otra de mayor pendiente, donde algunas trail
bicilíndricas, lo pasaron mal. Nosotros con las monocilíndricas nos paramos a
observar y decidir, pero subimos bien.
En la Garganta La Olla la ruta tiene un bucle de ida y vuelta que crea un poco de confusión, pero conseguimos orientarnos bien para llegar al Piornal. ¡Qué maravilla de puerto!, tanto por el trazado de la carretera como por las vistas que le acompañan.
Hasta Navaconcejo conducimos
por un entramado de pistas de tierra, que tienen algunas zonas hormigonadas,
para mayor tracción de los vehículos de los agricultores y ganaderos.
Tomamos un refrigerio en el
pueblo a la orilla del rio Jerte y comenzamos una subida constante y preciosa
que nos lleva hasta el Camocho, donde la vista desde la cumbre me deja sin
palabras. El valle de Plasencia con el embalse de Gabriel y Galán se divisa
perfectamente.
Comenzamos la bajada y estoy
tan entusiasmado que decido ponerme al frente y tirar un poco del grupo. Error.
En uno de los cambios del terreno de la pista, de tierra a hormigón, hay un
badén que no veo y la moto hace tope de suspensión. Caída por orejas,
aterrizaje seco con la espalda (como un saco de Porland). En el suelo no puedo
respirar. Me asusto. Van llegando los compañeros y empiezo a poder respirar
medio bien…pero también me doy cuenta de que me duele el costado mucho.
Me levantan la moto, que no
tiene nada destacable (está operativa) y llegan los organizadores con la moto
escoba.
Me ofrecen diferentes
alternativas, pero la adrenalina me pide llegar con mi moto hasta Plasencia e
ir al médico.
Así lo hago. Acompañado por
mis colegas y por la organización bajamos hasta Casas del Monte. Llego
dolorido, pero llego. Me tomo un paracetamol (siempre llevo encima) y me separo
de mis colegas. Ellos seguirán la ruta hasta Plasencia y yo buscaré un médico con ayuda de la
organización.
En Plasencia, en un proceso
tedioso de más de cinco horas, me revisan a fondo (varios reconocimientos y radiografías)
y me indican que no tengo neumotórax. Nolotil en vena y a casa. La verdad es
que me duele bastante, pero es soportable y teniendo en cuenta que los doctores
han visto perfectamente que he llegado al hospital en moto y que voy vestido
con las protecciones, entiendo que si me mandan para casa será porque no tengo
nada importante.
Llego al apartamento a la
vez que mis compañeros, que han terminado la ruta.
Me cuentan lo que me he
perdido y me prometo volver.
No me quiero perder la cena
final con la organización, así que mientras el Nolotil siga dándome cancha,
aprovecho. Cenamos muy bien y en muy buena compañía.
Dormir ya es otra cosa. Imposible.
La mañana, sin el efecto del
calmante, me dice que tengo algo roto. Motos al carro y coche hasta casa
(gracias a Dios).
El lunes a primera hora, me
confirma mi médico de Madrid, que tengo dos costillas rotas.
Y vuelvo.
Después de recuperarme
completamente (en un mes y medio estaba todo resuelto) me prometí volver en
cuanto pudiera y el destino me llevó a Salamanca en junio.
Hice algunas pistas y
carreteras terciarias hasta Casas del Monte bajando desde Ciudad Rodrigo y subí
hasta el badén fatídico disfrutando de cada curva de la ruta y del maravilloso
paisaje, para finalmente pararme en el sitio preciso de la caída, rezar una oración
por todos los compañeros moteros que han tenido una caída y no han podido
contarlo y echarme una meada en el puto
badén.
La bajada hasta Cabezuela
del Valle fue fantástica. Un gran punto final a esta accidentada aventura



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