domingo, 15 de septiembre de 2024

CANTABRIA TRAINING DAY CON TWIN TRAIL


Tras varias rutas off cerca de casa, los miembros del grupo PicNic off (Pablo, Ignacio y servidor) ya tenemos compenetración y baquía, como para dar un paso más y animarnos a una ruta de fin de semana lejos de track conocidos.

De la numerosísima oferta de eventos trail que inundan las redes, nos interesó el training Day, de Twin  Trail, en Cantabria. Nos gusta esta empresa de eventos (Pablo ya había hecho un curso con ellos) y nos gusta la zona.

Coche y carro con las tres motos (DRZ, 690 y Rally 300) y en marcha para Cantabria. Las motos cupieron perfectamente en el carro, porque fuimos previsores e hicimos una exitosa prueba antes del viaje.

Viaje rápido y cómodo hasta Casa Elsa (entre Torrelavega y Puente de San Miguel), casa rural perfecta y práctica en donde nos alojamos todo el finde.



Una vez acomodados y con un tiempo primaveral (raro, en la cordillera cantábrica a principios de otoño) nos acercamos a la playa de Luaña que además de estar muy cerca, es un paraíso.

La comida, en una de las terrazas de la playa, al sol, con un paisaje de película, nos eleva la moral al infinito y decidimos aprovechar la tarde para hacer la pista off road más famosa de la zona (Espinama – Sotres). 


No es tarde, pero está lejos. Debemos salir sin prisa, pero sin pausa…sin embargo, la aventura es la aventura y la DRZ no quiere arrancar y una vez arrancada, se queda sin gasolina. Solventamos los inconvenientes y alcanzamos Panes a la hora límite. Las carreteras, primero de Arenas y luego de Sotres, son tan reviradas, que son muy divertidas de recorrer con nuestras monocilíndricas.

Llegamos a la pista de Sotres al anochecer, sin tener claro si nos quedaremos sin luz a mitad de ruta, pero nos lanzamos animados por Ignacio, abriéndose un paisaje de película que nos deja atónitos, mientras recorremos una pista con mucha piedra rota, pero suficientemente ancha para encontrar el paso adecuado.




A media pista decidimos hacer unas fotos, totalmente obligatorias y nos damos cuenta, de que tenemos la luz justa, tanto si damos la vuelta como si terminamos la pista.

La pista mejora, cada vez está menos rota e incluso el final está cementado. Cuando llegas a Espinama no te lo crees. No son muchos kilómetros, no es una ruta difícil para una monocilíndrica, pero  tienes la certeza de que vas a estar en muy pocos sitios tan increíbles.


La vuelta por Potes debería ser divertida, pero las obras en la carretera nos cortan el ritmo y nos hacen llegar a la casa rural en noche cerrada.

Nos recomiendan cenar en La Finca y es un acierto, poniendo un broche de oro al día.

A la mañana siguiente tenemos el Training Day. A primera hora de la mañana salimos hacia el cercano punto de encuentro y mientras nos aproximamos divisamos una nube enorme de humo negro.

Se está quemando una nave industrial justo al lado de la pastelería (¿un presagio?). Pasamos entre guardia civil y bomberos y aparcamos en la puerta de Peter&Pan


Desayuno opíparo, presentación de Guías (Martín Solana y Gonzalo) y pequeño briefing.

Somos un buen grupo de motos trail, recorriendo la salida de Torrelavega, hasta alcanzar la primera pista en los Corrales de Buelna.

Nos agrupamos, después de una caída sin consecuencias de Ignacio y empezamos la ruta off subiendo y bajando colinas por pistas, a veces en buen estado,  a veces rotas, rodeadas de prados verdes y bosques frondosos. Será la tónica del día, pero no te cansas ni lo más mínimo del idílico paisaje.




Cuando ya hemos entrado en calor, pero llevamos poca ruta recorrida, Martín se para en un cruce y nos indica que ha pinchado. Sin problemas, nos deja en manos de Gonzalo mientras va por la pick up y ya nos reuniremos con él más adelante.

Las paradas en las cimas de las colinas (por ejemplo, entre Santa Águeda y Selores) permiten conocer a los miembros del grupo, mientras comentamos las jugadas más interesantes, con un decorado de fondo impresionante.








La ruta transcurre sin sobresaltos. Interesante, sin ser dura. Alegre, sin ser peligrosa. Hay muy pocas caídas y ninguna tiene consecuencias.

Nos encontramos con Martín y la Pick Up poco antes de la comida (en Quintanilla). Comida muy completa, tanto por suculenta (cocido montañés) como por la entretenida tertulia.

Justo poco después de comer hacemos un vadeo en el rio Quivierda. Primero pasan mis compañeros, Pablo e Ignacio, decididos y expeditivos.

 Luego voy yo, pero me quedo cerca de la salida, con la rueda delantera varada entre un par de piedras que me impiden avanzar. Intento superarlas sin caerme (no quiero que se moje el motor) pero si no es gracias a la ayuda de mis compañeros, no salgo.

Finalmente, alcanzamos la orilla. Estamos todos jadeando y con los pies empapados, pero contentos por superar el lance. Sin embargo, comienza el desastre. Las bicilíndricas se quedan en la vadeo, se caen y se mojan sus motores. Las empujamos fuera del rio, pero debemos verificar antes los filtros y después intentar arrancarlas. Arrancan bien.

Ante esta tesitura, Martín pide al resto del grupo evitar el vadeo y encontrarnos más adelante en la ruta.

La tarde avanza y la ruta no decae. Más colinas verdes, más bosques. Perfecto.

No estamos cansados….pero nos vamos a agotar. La subida a la ermita de Ibio está cerrada por romería. Los guías no quieren que la ruta acabe así y con buen criterio intentan encontrar un paso alternativo.

Intentamos uno con demasiado barro: media vuelta; otro con demasiada pendiente: media vuelta y finalmente parece que podremos salir a la carretera por un estrecho sendero. Ni es un sendero trail, ni está practicable. Es la linde de un muro de piedra. Pero lo hacemos. Nosotros con las monocilíndricas no tenemos mucho mérito, pero había compañeros en el grupo, con bicilíndricas de más de 200 kilos, que tuvieron un final de aventura en toda regla.

La salida a la carretera fue gloriosa y la llegada al fin de ruta agridulce. Felices por haber acabado, pero tristes de que se haya acabado.







La cena en Suances, en un restaurante con vistas a la playa. Brindis con Whisky nacional, reconociendo por unanimidad, que el finde motero off, había sido, sencillamente perfecto.


















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