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visita a el circuito de la Sarthe para ver el centenario de las 24 horas, con
mi hija Candela, es el viaje para ver un
evento de motorsport, que más ilusión me ha hecho hasta hoy y eso, que
anteriormente, han sido muchos y de muy buen recuerdo.
Coche
y ruta, sin prisa, pero con buena charla y mucha expectación hasta Burdeos.
Botellón en el hotel y cena rápida para despertarnos pronto y poner rumbo al
circuito.
La
entrada al recinto está muy bien organizada. Nada de atasco y fácil
estacionamiento en nuestra parcela del parking amarillo (Beausejour).
Despliegue
de medios: Tiendas, mesa, sillas, sombrilla, hornillo, comida, bebida… nos
damos cuenta de que estamos sudando como pollos y de que necesitamos bajar el
ritmo cardiaco y tomarnos un aperitivo.
Una
vez hidratados nos tranquilizamos y nos acercamos en autobús a la entrada del
circuito cercana a la meta. Y comienza el delirio. Ya lo entiendes todo. Es
magnífico: la pista, las gradas, el ambiente.
El
evento te abraza y te sientes feliz. Paseamos, como niños viendo el Belén, por los boxes; observando cada detalle de los
Hipercar, de los equipos. Es perfecto.
Para
despertar del sueño, se pone a llover. Viene bien, se despeja la meta y
mientras nos cobijamos en una grada, planeamos las compras, la cena y la noche
de camping.
Nos
despertamos para el warm up. Impresiona mucho la velocidad. Muy superior a
otros circuitos. Es adictivo.
Recorremos
Bugatti. Imposible encontrar un mínimo hueco para ver la salida, pero en las
zonas de macro pantallas, cerca de la Chapelle, disfrutamos de todo el proceso
de salida y encontramos una fisura en la masa por la que poder admirar las, muy
emocionantes, primeras vueltas de carrera.
No
es sencillo seguir la carrera, pero la nueva norma de reagrupamiento con coche
de seguridad, nos permitía cambiar de curva e incluso de zona sin perder el
hilo. Supongo que por la tele será tedioso, pero en el circuito daba juego.
Del
mismo modo, la revisión del BOP de última hora, sería injusta con Toyota, pero
nos dejaba una diferencia de tiempos en carrera muy emocionante.
Lo
malo es que el tiempo avanza rápido cuando lo pasas bien y la tarde llegó sin
darnos cuenta. Para entonces ya habíamos visto todas las curvas de Bugatti y
seguíamos con interés la carrera del otro Ferrari 499P. El nuestro, el de
Miguel Molina, no tenía opciones. También estábamos atentos a Albert Costa,
cuyo LMP2 era sencillo de seguir, gracias a su color chillón.
El
pase al museo era gratuito con la entrada y pensamos que sería bueno
visitarlo, tomar unas cervezas y comer
algo. Las zonas de hospitality son caras, pero tienen de todo lo que puedas
pagar.
La
noche gana a la tarde y se produce un reset. Cuando crees que estás en la
gloria, que nada puede mejorar, la noche te aúpa a una nueva carrera aun más
emocionante, mas visual, mas embriagadora. Las luces, el ruido, la velocidad…y
la lluvia.
No
fue una lluvia, ni muy larga, ni muy intensa, pero fue en el momento perfecto
para hacer todavía más emocionante la carrera.
Cuando
dejó de llover nos acercamos a las curvas del Karting y de Porsche para
disfrutar de la noche, hasta que el cansancio nos venció.
Decidimos
descansar en nuestras tiendas, protegidas por un doble techo donde,
sorprendentemente, dormimos genial, secos y calentitos.
Madrugamos
para acercarnos en autobús a las curvas de D´arnage y Mulsanne.
Pasamos
la mañana disfrutando del duelo en la clasificación entre Ferrari y Toyota y en
general de la belleza de los Hipercar de Cadillac, Peugeot y Porsche en estas
zonas tan míticas del circuito de la Sarthe.
Queríamos
estar en la zona de meta para el final de la carrera, así que tomamos el
autobús de vuelta y nos dispusimos a comer algo rico, pero caro, en el
hospitality de enfrente de la noria. De improviso, en la macro pantalla de la
fan zone, vimos como el Toyota 8 perdía el control y regalaba la carrera al
Ferrari 51. Gritos, caras de asombro y atragantamientos por cientos, mientras nos
asombraba el inesperado desenlace de este centenario de película.
Nos
subimos a la noria para ver el final de la carrera y tener una perspectiva
final y épica del evento. Ganó Ferrari en Hipercar y ganó un Español en LMP2.
No se puede mejorar.
Recogimos ayudados por nuestros vecinos de camping, salimos del circuito sin el más mínimo atasco y llegamos a Burdeos a hacer noche con el convencimiento pleno de haber compartido, padre e hija, una aventura única e irrepetible

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