Antes de nada, me mojo. Para recorrer en moto estas maravillosas islas recomiendo la zona de la costa en Cerdeña y el interior de Córcega, tienen carreteras increíbles, que sin duda se complementan perfectamente.
Es nuestra opinión motera
tanto del conductor, como del acompañante. Lógicamente, desde el punto de vista
paisajístico o turístico ambas islas ofrecen aspectos similares y muy
recomendables.
Cargamos la XR con lo justo
(top case y bolsa sobre depósito) suficiente para medio viaje (a medio viaje,
laundry) y renovamos neumático trasero, kit de transmisión y pastillas
traseras. Todo preparado para superar las muchas curvas, a plena carga carga, que se vienen.
El ferry a Cerdeña desde
Barcelona tiene un embarque recomendado de dos horas. Nosotros llegamos pronto
y nos fuimos a la cercana playa de Somorrostro a tomar un refrigerio antes de
ponernos en cola de embarque.
El embarque está bien
organizado y una vez hecho el checking.
Dejas la moto en inicio de cola (priorizan a las motos) y te vas al bar de la
naviera a tomar unas cervezas sin prisa, ni agobio.
Una vez superada la rampa de
entrada del barco (tiene su tema), dejas la moto en bodega, coges lo que
necesites y subes a la zona de camarotes. Las butacas no merecen la pena, no
son reclinables y un camarote no es imprescindible. Mejor dormir en cualquier
zona de reposo del barco (tienes varios bares y restaurantes). Eso sí, en
cubierta hay que protegerse del sol y dentro del barco, del aire acondicionado.
El tiempo pasa rápido: (12
horas): que si una cerveza en cubierta, que si cenar, que si una copa en el
pub, que si una serie en el ipad, que si una cabezadita… en nada llega el
desayuno y finaliza la travesía (con muy poco retraso).
Desembarco en Porto Torres y primer contacto con las carreteras Sardas. Tal como esperas el paisaje es espectacular y el trazado de las carreteras de costa: retorcido.
Las carreteras secundarias no
son muy anchas y no suelen tener arcén. El firme puede tener ondulaciones (a
veces señalizadas con señalización vertical) y en general el asfalto es
variable, la mayoría de las veces aceptable e incluso bueno.
La circulación no es fluida
(mucho coche de alquiler, muchas salidas y cruces) y en general la línea media
es continua y la señalización de velocidad de 50Km/h.
Sin embargo, encontrar un
ritmo de ruta alegre y seguro es sencillo, una vez te adaptas al entorno.
Paramos a comer en
Castelsardo y ya nos damos cuenta de que no vamos a tener problemas de
hostelería. A la internacional comida italiana, se unen los productos del mar y
una oferta de establecimientos muy amplia.
Seguimos ruta por la costa y
nos perdemos por unas carreteras de curvas de interior que nos llevan al
berrocal del elefante.
La cantidad de berrocales erosionados en Cerdeña es impresionante. Personalmente, soy un enamorado de los paisajes de la sierra de Guadarrama (mi casa) y contemplar tanto granito erosionado, rodeado del verde de la vegetación y con el azul del mar de fondo, me parece precioso.
Llegamos a Capo Testa y nos
vamos de excursión hasta su faro. Un lugar increíble. Queda mucha tarde así que
nos vamos a la playa hasta el anochecer.
Los días se aprovechan a
tope como en nuestra costa cantábrica, porque no hace calor de día y al
anochecer se está de lujo (máximas de 30 y mínimas de 22).
Bañito en la piscina y cena
en la casa del complejo en el que nos alojamos. La copa final en el bar, ya
bien entrada la noche, nos enseña otra constante del viaje. Los jabalís.
Jabalís o cerdos salvajes, llámalos
como quieras, pero serán nuestros compañeros en las dos islas, en moto,
tendremos que tener mucho cuidado con ellos.
Al día siguiente nos vamos a
Palau para coger el ferry a la Maddalena. La carretera está llena de coches
pero con la moto nos quitamos el atasco. El embarque es directo a cualquier
hora y el trayecto muy corto. Las vistas: muy bellas.
Es un archipiélago precioso
que se recorre en moto muy satisfactoriamente (tanto la Maddalena, como la
Caprera).
Comemos en la Caprera en un
chiringuito del bosque, unas berenjenas súper ricas, para compensar las cervezas
que nos han cobrado en el chiringuito del Due Mari.
Playas de todo tipo: calas
de agua cristalina (Cardellino), playas abiertas con grandes olas (Bassa
Trinitá).
Compramos un detallito en el
pueblo y volvemos a embarcar sin esperas y con prioridad para las motos.
Por la noche cena en Santa
Teresa Gallura. Cenamos fuera del centro en un restaurante muy auténtico lleno
de italianos (Azzurra di Pischedda) y acertamos, porque el centro estaba a tope
con infinidad de eventos de verano.
Ruta hacia el sur por la
costa oriental. Primera parada en Porto Cervo. Toda la costa es preciosa pero
este puerto además es un muestrario de yates y villas descomunales. Entretenido,
pero falso.
Siguiente parada el Golfo de
Aranci. Sigue el hermoso paisaje y las carreteras reviradas pero dejas la
falsedad de Porto Cervo y te adentras en una zona más real.
Es imprescindible bordear
Olvia. Hay una autovía (pocos kilómetros y asfalto regular) que vamos a coger
hasta la Caletta. Es una zona con mucho tráfico y conviene quitársela rápido de
encima. Además llevamos curvas de sobra.
En la Caletta comemos en un
restaurante mágico (Il Talismano). Al borde del mar, buena comida, clima
excepcional. Nos tomamos nuestro tiempo. Disfrutamos cada segundo.
Llegamos a Orosei con tiempo
para siesta y piscina antes de recorrer las increíbles carreteras que dan
acceso al pequeño Stelvio de Cala Gonone.
Por la noche recorremos el
pueblo (de influencia Española) y cenamos en el jardín de un restaurante muy
agradable (S`Ortale)
Nuoro es el típico pueblo
del centro de la isla en el que enlazan todas las carreteras secundarias
reviradas. Trazo una ruta por el interior hacia el norte que nos permite
disfrutar de la conducción, a tope, pero en lo paisajístico, no impresiona.
Menos agradable que la
costa, los pueblos del interior no dicen nada e incluso nos cuesta encontrar
algún sitio destacable para tomar un refrigerio. Pero por la vertiente motera,
ruta cinco estrellas.
Llegamos al embarque de
Córcega con tiempo y el proceso (aunque cambiamos de país) vuelve a ser
sencillo y rápido. El ferry de Córcega es similar al de La Maddalena. Travesía
rápida (cincuenta minutos), muy entretenida, porque vas viendo costa Italiana o
Francesa casi todo el tiempo.
La llegada a Bonifacio es
espectacular. Un puerto muy angosto, de casas colgando de acantilados, nos
recibe ansiosos por conocer.
La Ruta hacia el norte por
la costa no tiene mayor interés. Avenidas rectas y glorietas con mucha
circulación cerca de Porto Vecchio
Sin embargo, al acercarse la
ruta al mar el tema cambia. En lo paisajístico vuelven los berrocales, la
vegetación y el azul del mar de fondo y en lo motero aparecen curvas amplias y
anchas de alto paso por curva.
Llegamos a nuestro destino
(Sari solenzara) muy contentos, comentando por el intercomunicador que no es lo
mismo que Cerdeña, pero se complementa.
La cena de nuestro aniversario
es en Canella, en la Dolce Vita. Una playa preciosa, con un bar-restaurante al
borde del mar, donde nos sentimos felices, completamente felices, mientras
vemos salir una luna roja del mar.
Un festival absoluto de
curvas hasta el Coll de Bavella (por cierto, muy bien trazadas), pocas se
cierran al final y permiten una conducción fluida sin sustos a la salida.
Porque al igual que en España, la moda de invadir el carril contrario nos la
hemos encontrado tanto en Cerdeña, como en Córcega y entre eso y los jabalís
conviene sacrificar la entrada y ver bien la salida de las curvas.
Cuando llegas a Zonza, además ves un pueblo pintoresco, de casas de granito, que será habitual en el interior Corso, haciéndolos muy agradables y acogedores.
Volvemos a comer en la Dolce
Vita al borde del mar. Nos encanta este sitio.
Por la tarde disfrutamos de
Sari Solenzara. Un pueblo muy cómodo: bares, restaurantes, hoteles y ambiente nocturno
muy cerca de un puerto, una playa y la carretera a Zonza.
Cenamos en el hotel, en un
salón abierto cerca de la piscina. Súper confortable.
Todo tan perfecto no podía
ser, así que el día amanece con lluvia. Conviene retrasar la salida hasta que
la tormenta se aleje.
A las 10:30 de la mañana se
despeja y nos vamos a Zonza por otra carretera, más al sur, evitando las nubes.
Nuevo festival de curvas,
ahora llevando a Silvia que se queda prendada del paisaje del interior de
Córcega. Lagos en altura, Puertos de montaña, pueblos con casas de granito. Es
más bonito que el interior de Cerdeña.
Paramos a comer en San
Gabino, en el restaurante La Piazzetta donde nos comemos una lasaña de jabalí
espectacular.
Estamos entusiasmados y llenos de energía, así que le propongo hacer a Silvia unos tramos del WRC que nos llevarán a Propiano.
Son las mismas carreteras
que he visto mil veces en televisión desde niño y me emociono recorriéndolas,
disfrutando el trazado de mil curvas y el agarre de lija rojiza de algunos
tramos.
De Propiano a Ajaccio
subimos por la T40. Trazado de curvas rápidas donde los moteros de la zona
(muchos) me dan unas lijadas bien buenas. No se aburre uno por la T40.
Hasta Piana y sus Calanques
el festival de curvas sigue, tanto por el interior, como por la costa y el
postre merece la pena.
Un sitio mágico los
Calanques.
Pero no ha terminado el día
motero. Ni mucho menos. Llevamos más curvas que kilómetros, pero queda lo
mejor.
Una vez bajas a Porto (nivel
del mar) comienza un puerto que puede compararse con los mejores puertos de los
Alpes, hasta llegar a su cota máxima, en la Col de Vergio, con el monte Cinto
de fondo. Espectacular.
Pero la bajada no es menos impresionante, la llegada al lago Calacuccia se hace infinita y las curvas se suceden recorriendo un desfiladero del Cañón de la ruda hasta llegar a Corte.
En Corte pongo el piloto
automático hasta Sari Solenzara, porque, sencillamente, no puedo hacer más
curvas. Satisfacción absoluta.
Llegamos a cenar a nuestro cómodo y acogedor hotel deslumbrados por la ruta.
La copiloto ensalzando al
conductor y el conductor eternamente agradecido de la valentía, paciencia y
compañía de la copiloto.
Una copita y a dormir, que
mañana embarcamos para Cerdeña.
Pero no tenemos prisa. Paramos en la playa de Palombaggia y nos comemos una fruta pelada para desengrasar y antes de embarcar subimos al Capo Pertusato, a disfrutar de las vistas de Bonifacio.
Otro embarque sencillo y
rápido y otra travesía agradable. Solo tomamos biodramina en el Ferry de
Barcelona a Cerdeña, que además de evitar muy eficazmente el mareo, te da una
somnolencia que acorta la travesía.
Directos a Porto Torres donde pasaremos noche y disfrutaremos del último baño en la playa de Balai.
La cena en la Piazza Garibaldi, en un restaurante típico Italiano, rodeados de italianos gritando y sin un turista a nuestro alrrededor fue el fantástico final de esta historia de rutas moteras y disfrute pleno de naturaleza y paisajismo.
La vuelta en el Ferry a
Barcelona todavía fue mejor que la ida. Como ya conocíamos todos los recovecos
y nos abrigamos y disfrutamos de las tumbonas, llegamos sin darnos cuenta. Pero
a las siete de la tarde no apetecía bajar a Madrid por autovía, así que nos
quedamos en Torredembarra y disfrutamos de comida española al borde del mar.
Boquerones y sardinas.
La bajada a Madrid por
autovía se espera como inevitablemente soporífera y calurosa pero no fue ni una
cosa ni la otra…. Pero eso es otra historia.
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