Tras varias rutas off cerca
de casa, los miembros del grupo PicNic off (Pablo, Ignacio y servidor) ya
tenemos compenetración y baquía, como para dar un paso más y animarnos a una
ruta de fin de semana lejos de track conocidos.
De la numerosísima oferta de
eventos trail que inundan las redes, nos interesó el training Day, de Twin Trail, en Cantabria. Nos gusta esta empresa
de eventos (Pablo ya había hecho un curso con ellos) y nos gusta la zona.
Coche y carro con las tres
motos (DRZ, 690 y Rally 300) y en marcha para Cantabria. Las motos cupieron
perfectamente en el carro, porque fuimos previsores e hicimos una exitosa
prueba antes del viaje.
Viaje rápido y cómodo hasta
Casa Elsa (entre Torrelavega y Puente de San Miguel), casa rural perfecta y
práctica en donde nos alojamos todo el finde.
Una vez acomodados y con un
tiempo primaveral (raro, en la cordillera cantábrica a principios de otoño) nos
acercamos a la playa de Luaña que además de estar muy cerca, es un paraíso.
La comida, en una de las
terrazas de la playa, al sol, con un paisaje de película, nos eleva la moral al
infinito y decidimos aprovechar la tarde para hacer la pista off road más
famosa de la zona (Espinama – Sotres).
No es tarde, pero está
lejos. Debemos salir sin prisa, pero sin pausa…sin embargo, la aventura es la
aventura y la DRZ no quiere arrancar y una vez arrancada, se queda sin
gasolina. Solventamos los inconvenientes y alcanzamos Panes a la hora límite.
Las carreteras, primero de Arenas y luego de Sotres, son tan reviradas, que son
muy divertidas de recorrer con nuestras monocilíndricas.
Llegamos a la pista de
Sotres al anochecer, sin tener claro si nos quedaremos sin luz a mitad de ruta,
pero nos lanzamos animados por Ignacio, abriéndose un paisaje de película que nos
deja atónitos, mientras recorremos una pista con mucha piedra rota, pero
suficientemente ancha para encontrar el paso adecuado.
A media pista decidimos
hacer unas fotos, totalmente obligatorias y nos damos cuenta, de que tenemos la
luz justa, tanto si damos la vuelta como si terminamos la pista.
La pista mejora, cada vez
está menos rota e incluso el final está cementado. Cuando llegas a Espinama no
te lo crees. No son muchos kilómetros, no es una ruta difícil para una
monocilíndrica, pero tienes la certeza de
que vas a estar en muy pocos sitios tan increíbles.
La vuelta por Potes debería
ser divertida, pero las obras en la carretera nos cortan el ritmo y nos hacen
llegar a la casa rural en noche cerrada.
Nos recomiendan cenar en La
Finca y es un acierto, poniendo un broche de oro al día.
A la mañana siguiente
tenemos el Training Day. A primera hora de la mañana salimos hacia el cercano
punto de encuentro y mientras nos aproximamos divisamos una nube enorme de humo
negro.
Se está quemando una nave
industrial justo al lado de la pastelería (¿un presagio?). Pasamos entre
guardia civil y bomberos y aparcamos en la puerta de Peter&Pan
Desayuno opíparo,
presentación de Guías (Martín Solana y Gonzalo) y pequeño briefing.
Somos un buen grupo de motos
trail, recorriendo la salida de Torrelavega, hasta alcanzar la primera pista en
los Corrales de Buelna.
Nos agrupamos, después de
una caída sin consecuencias de Ignacio y empezamos la ruta off subiendo y
bajando colinas por pistas, a veces en buen estado, a veces rotas, rodeadas de prados verdes y
bosques frondosos. Será la tónica del día, pero no te cansas ni lo más mínimo
del idílico paisaje.
Cuando ya hemos entrado en
calor, pero llevamos poca ruta recorrida, Martín se para en un cruce y nos
indica que ha pinchado. Sin problemas, nos deja en manos de Gonzalo mientras va
por la pick up y ya nos reuniremos con él más adelante.
Las paradas en las cimas de
las colinas (por ejemplo, entre Santa Águeda y Selores) permiten conocer a los
miembros del grupo, mientras comentamos las jugadas más interesantes, con un
decorado de fondo impresionante.
La ruta transcurre sin
sobresaltos. Interesante, sin ser dura. Alegre, sin ser peligrosa. Hay muy
pocas caídas y ninguna tiene consecuencias.
Nos encontramos con Martín y
la Pick Up poco antes de la comida (en Quintanilla). Comida muy completa, tanto
por suculenta (cocido montañés) como por la entretenida tertulia.
Justo poco después de comer
hacemos un vadeo en el rio Quivierda. Primero pasan mis compañeros, Pablo e
Ignacio, decididos y expeditivos.
Luego voy yo, pero me quedo cerca de la salida, con la rueda delantera varada entre un par de piedras que me impiden avanzar. Intento superarlas sin caerme (no quiero que se moje el motor) pero si no es gracias a la ayuda de mis compañeros, no salgo.
Finalmente, alcanzamos la
orilla. Estamos todos jadeando y con los pies empapados, pero contentos por superar
el lance. Sin embargo, comienza el desastre. Las bicilíndricas se quedan en la
vadeo, se caen y se mojan sus motores. Las empujamos fuera del rio, pero
debemos verificar antes los filtros y después intentar arrancarlas. Arrancan
bien.
Ante esta tesitura, Martín
pide al resto del grupo evitar el vadeo y encontrarnos más adelante en la ruta.
La tarde avanza y la ruta no
decae. Más colinas verdes, más bosques. Perfecto.
No estamos cansados….pero
nos vamos a agotar. La subida a la ermita de Ibio está cerrada por romería. Los
guías no quieren que la ruta acabe así y con buen criterio intentan encontrar
un paso alternativo.
Intentamos uno con demasiado
barro: media vuelta; otro con demasiada pendiente: media vuelta y finalmente
parece que podremos salir a la carretera por un estrecho sendero. Ni es un
sendero trail, ni está practicable. Es la linde de un muro de piedra. Pero lo
hacemos. Nosotros con las monocilíndricas no tenemos mucho mérito, pero había
compañeros en el grupo, con bicilíndricas de más de 200 kilos, que tuvieron un
final de aventura en toda regla.
La salida a la carretera fue
gloriosa y la llegada al fin de ruta agridulce. Felices por haber acabado, pero
tristes de que se haya acabado.
La cena en Suances, en un
restaurante con vistas a la playa. Brindis con Whisky nacional, reconociendo por
unanimidad, que el finde motero off, había sido, sencillamente perfecto.


















