El ahogamiento del Toyota de
Citri del año pasado, emborronó una aventura llena de momentos sublimes así que
teníamos que volver y darle un final feliz…o no.
El puente de mayo empezó con
unas lluvias tremendas que hicieron del viaje de ida a Portugal un infierno.
Llegamos de noche a la zona de reagrupamiento donde nos juntaríamos con todos
los territorianos. Héctor nos decía que era un sitio espectacular y bien
montado, con chiringuito, zona de barbacoas y acampada….pero no se veía
nada…solo llovía a mares.
El caso es que estábamos todos
con un buen rollo impresionante, de manera que buscamos una zona a cubierto y
encontramos una especie de cenadores con techo de mimbre. Encendimos una hoguera,
sacamos comida y bebida, una cosa llevó a la otra...fiesta…brutal…risas
infinitas.
A la mañana siguiente, le
tuvimos que dar la razón a Héctor, el sitio era espectacular. Precioso. Lo
disfrutamos, nos reunimos con los coches que faltaban y salimos de ruta.
La ruta no era tan difícil
como la del año anterior pero era mucho más bonita, con pistas rotas que
llevaban a cimas de colinas con vistas espectaculares.
Después de comer seguimos la
ruta y tomamos una pista en bajada pronunciada y larga.
Las pistas tenían mucha
piedra y el traqueteo era grande. El Jeep saltaba como una rana y sonaba como
un sonajero como tantas otras veces. Pero noto que no me entran las marchas.
Extrañado, aviso por la emisora de que creo que tengo una avería y necesito
parar. Precisamente la pista termina en un núcleo rural que tiene bar.
Aparcamos, me tiro debajo
del coche y no me creo lo que veo. Uno de los apoyos del motor se ha desoldado
y tengo medio conjunto motor-caja de cambios colgando.
Alucino. Estamos gafados.
Grúa y repatriación para el coche mientras tomamos unos botellines en el bar.
Yo, mientras, tengo una conversación
surrealista con la teleoperadora para concretar mi repatriación
- Sr Sánchez: Le mando el
taxi a la misma dirección que la grúa, para que le lleve a un hotel, cercano al
aeropuerto del vuelo que le consigamos, para que regrese mañana a España.
–Eeeee…no, muchas gracias, es que estoy con
unos colegas de ruta y tenemos muchos coches. Voy a seguir de ruta como
copiloto de mi colega Ramón.
-¿Entonces no necesita Repatriación?
-Si, si…Repatriación
necesito, pero en otra dirección.
-Vale. Dígame la dirección y
la hora de recogida
-Ni idea, señorita, la ruta
es por el monte y vamos de coordenada a coodenada como podemos.
Silencio en la línea
telefónica.
-Sr Sánchez. ¿Usted quiere
que le ayude, verdad?
- Si señorita: pero es que
lo estamos pasando fenomenal. No se preocupe que esta noche la llamo y le
concreto.
- Pero hombre: Dígame la
zona para ir reservando el hotel y el avión
Pregunto la zona, por la que
pasará la ruta al anochecer, a los colegas
Contestación al unísono:-
¡lo que viene siendo…Portugal!
Se parte de risa hasta la
operadora.
Pasamos una tarde
fantástica. La ruta cruza por zonas complejas y me divierto mucho en mi labor
de copiloto de Ramón.
Al anochecer, llamo a la
teleoperadora del seguro desde un pueblo cercano a Vila Real. Le doy dirección
y horario de recogida, para su tranquilidad.
Me despido del grupo,
emocionado, prometiendo volver.
El seguro (Linea Directa) se
porta fenomenal: Taxi a Vila Real, hotel
de cuatro estrellas, cena y desayuno, taxi a Oporto y vuelo a Madrid.




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