Las dos primeras etapas de nuestro transportugal fueron geniales. En la primera entramos por Miranda do Douro y salimos por Vilar Formoso (ver crónica “visitando al vecino”)….esa fue muy buena: la novedad, la cerveza Sagres, el campo para nosotros solos. La segunda entramos por Vilar Formoso y salimos por Monfortinho (ver crónica “Portugal II”)….esa fue mejor: los colegas nuevos, la cerveza Sagres, los vadeos salvajes.
Pues nada, no hay dos sin tres. Como ya teníamos que empezar lejos de casa y las 690 suenan como si fueran a reventar decidimos ir en coche hasta un punto intermedio (chino y yo) o hasta Monfortinho (Sito y Enreda) . El caso es que llegamos a la vez y enseguida estuvimos preparados para la acción. Tan bien se nos dio, que con todo preparado para coger ruta, la Yamaha decidió no arrancar. Primero empujamos, pero después de fundirnos por el calor, el traje de romano y la penosa forma física, finalmente Enreda tiró de cables y arrancó la moto a la primera.
La primera parte de la ruta agradaba sin apasionar y la disfrutamos sin percances
algunos vadeos tenían algo de truco y después de lo que le pasó a Sito en monfortinho había que tener precaución.
Se sucedían pistas en bajada a valles, que unían pueblos en cumbres de cerros, de manera que la cosa se animaba o se calmaba en función de en que momento del tobogán nos encontráramos.
Finalmente llegamos a un pueblo fortificado en un alto, cerca de la hora de comer y decidimos preguntar a las fuerzas del orden locales por un restaurante que amablemente nos indicaron. Teniendo en cuenta que llegamos al pueblo por una calzada romana en subida, tirando de gas y retumbando con los Akras hay que reconocer que ya solo por eso te sientes mejor que en casa.
Después de ponernos moraos y como suele ser habitual llegamos a un paso complicadillo donde hicimos una digestión en garganta de los alimentos ingeridos.
El resto del día el recorrido nos llevó en horario previsto (raro en nosotros) hasta Castelo Branco en donde dormiríamos. Castelo Branco es un buen ejemplo de las ciudades de interior de Portugal. Muy cuidado, con centro histórico interesante y zonas modernas bien integradas (vamos, lo mismito que aquí).
Volvimos a ponernos moraos a cenar (arroz con marisco para 8 (éramos 4)) y unas copitas para bajarlo.

Al día siguiente lo cogemos con ganas pero pillamos una zona de cancelas (sin candado) que vamos abriendo y cerrando cada vez con menos ganas. Te rompen el ritmo y además algunas se ven mal y hay que ir con mucha precaución.
La ruta alcanza una serie de embalses muy chulos pero están crecidos y cortan algunas pistas de manera que tenemos que pasar del track y buscar alternativas.

Normalmente cuando pasas del track y te buscas la vida las cosas se van a los extremos o la cagas y haces mil kilómetros para nada o aciertas plenamente…esta vez ocurrió lo segundo y acabamos en un hotel rural barato, bueno y bonito.
Dormimos y cenamos cojonudamente pero nuestro desenfreno nos llevó a meternos dos botellitas de vino, dos cajas de tercios y unas copitas….había que ver la cara de alguno al día siguiente.
Lo malo no fue eso, lo malo es que la ruta empezó a parecerse a montar por España: alambradas, enlaces por carretera, dueños de fincas echándonos….estábamos demasiado cerca de Badajoz.
decidimos seguir un poco para quitarnos el mal sabor de boca y alcanzamos el Guadiana en un zona bonita.
Mereció la pena, fue una buena foto para cerrar la crónica que, por supuesto, tendrá continuación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario