Cuando Mario nos invitó a
hacer una ruta por su tierra estaba cantado que sería un éxito. El Casarito y
su entorno (las Batuecas, Sierra de Francia, La Alberca y las Hurdes) consta
fundamentalmente de carreteras de
curvas, paisaje de cinco estrellas, naturaleza salvaje, buena comida y más
carreteras de curvas…
La ida la hicimos por
nacional. Tranquilos, sin complicaciones, pero adentrándonos progresivamente en
un paisaje cada vez más acogedor. Primero con dehesas de encinas y berrocales,
después con bosques de castaños y robles.
Nada más llegar primeras
risas y cervezas fresquitas en el bar de referencia de Mario donde nos tratan
como en casa.
Cena de carne a la brasa y
risa floja producida tanto por los chascarrillos bañados en productos
destilados como por el paseo hasta casa por el bosque, de noche, rodeados de
jabalís.
Después de unos digestivos
de altísima calidad y de dormir como benditos nos preparamos para la ruta del sábado.
Nada más empezar bajamos
hacia Las Batuecas y desde el primer kilómetro empezamos a disfrutar del
paisaje y del trazado de la carretera.
Atravesamos Las Hurdes, con
diferentes firmes, pero el trazado y los paisajes siguen siendo espectaculares.
Un par de paradas para
hidratarse y cruzamos el Embalse de Gabriel y Galán.
Llegamos a Hervás a la hora
perfecta para disfrutar del ambiente de “tapeo” de su judería y comemos
estupendamente.
Hay que bajar la comida y el
vino, así que nos vemos el museo de la moto clásica. Recomendable por el
contenido y el emplazamiento pero un puntito decadente.
El calor es fuerte y notamos
el cansancio, pero faltaba el postre…pasado Béjar el trazado de la carretera y
el paisaje del entorno sigue la estupenda media de la ruta y además el asfalto mejora
de manera espectacular.
Citri empieza a tirar con la
XT y el tempo “Allegro” de la ruta se convierte en “Presto” lo que hace que aparezcan sonrisas
detrás de los barbuquejos.
Llegamos a tiempo a casa
para cambiarnos y acercarnos al precioso pueblo de La alberca, donde vimos el
partido mientras cenamos a lo bestia y recordábamos la ruta.
En Domingo, que mejor que
subir a primera hora a la Peña de Francia. Solo por las vistas ya merece la
pena. Es espectacular.
La vuelta comienza
desandando el precioso recorrido hasta Béjar. Igual de fantástico en sentido
contrario.
En Béjar, Kike y Alberto
deciden coger el camino de vuelta por la autovía. Nos damos un achuchón sincero
y nosotros seguimos ruta hacia el Barco de Ávila para atravesar Gredos.
Después de un montón de
curvas llegamos a la Venta del Obispo donde paramos a ver Motogp y comer
un bocata. La caída de Márquez lo acerca
más a lo humano.
Llegamos a la cruz Verde
cansados, contentos y relajados. Brindamos por el éxito de la ruta y porque
podamos repetir un millón de veces.
