Hacía seis años que no me
iba de viaje motero con Nacho y nueve que no hacía una ruta off road por
Portugal. Así que me hizo mucha ilusión que me propusiera ir a Portugal a ver a
Charly con las 690 y hacer un poco de off road por el país vecino.
El viaje, en la fantástica
furgoneta de Nacho, que aun siendo de tamaño medio permite llevar a las dos 690
sin mayor problema, se hizo ameno porque nos permitió ponernos al día de todos
los temas que propusimos.
Nada más llegar a casa de Charly,
me di cuenta de que el sitio era especial y de que el anfitrión me acogería con
matrícula de honor durante toda la estancia.
Por la tarde visita a los
preciosos alrededores y cena, literalmente al borde del mar (Praia das Rochas).
Risas, muchas risas y buen rollo, además de percebes, almejas y Buey de mar.
Al día siguiente hemos
quedado con unos amigos de charly para dar una vuelta off road por los alrededores
Aparecen con motos de enduro
y neumáticos de enduro.
Nacho y yo en nuestras 690 y
Charly en su nueva y flamante CRF 300 llevamos neumáticos mixtos. Mal
Además no conocemos la zona
y somos unos paquetes, así que los anfitriones se arman de paciencia y nos
llevan de ruta, uno abriendo y otro cerrando el grupo.
Grandes tipos. Cuidaron de
nosotros y tragaron polvo por ayudarnos.
Les dimos la mañana, pero
recorrimos la zona disfrutando de sus pistas arenosas, sus eucaliptos y sus
acantilados al mar.
Fue una ruta muy chula. Lo
pasamos genial y cuando llegamos a la playa, a tomar un refrigerio, en salud de
San Antonio, estábamos igual de contentos que de deshidratados.
Comida con pulpo y gambas al
borde del mar (Isla de Baleal) y a pasar la tarde en casa de Charly.
Paseito por Óbidos (muy
recomendable) y cena con carne (Barriga de porco crocante) que llevamos exceso
de productos del mar.
Al día siguiente la ruta la
hacemos nosotros. Mucho más light pero también muy divertida.
Primero unas carreteras
secundarias para ir hacia el interior y alejarnos de la arena. Muy bonito y
tranquilo hasta llegar al concesionario de Honda donde Charly compró la moto.
Subimos a un parque eólico
con grandes vistas y pistas amplias hasta parar a tomar un café en la bajada y
dejar que Nacho se ponga a navegar, por un mar de pistas enlazadas, de tierra
compacta, separadas por muros de piedra de granito.
Disfrutamos perdiéndonos,
hasta encontrar un restaurante pintoresco, donde descansamos y nos comemos un
sabroso menú.
La vuelta la disfrutamos
igual. Mucha pista y mucha curva, pero al llegar al parque eólico, cogemos una
bajada rota y ante la posibilidad de generar un pequeño drama, buscamos una
alternativa y conseguimos bordear el desastre.
Llegada a casa a la hora
prevista, para recibir a una invitada especial de Charly y cena con muy grata
compañía, en Dom José.
Al día siguiente despedida
de un viaje genial e irrepetible, en el que me he sentido en casa, abrazado por
la familia Zorrilla.
Muchas gracias, de corazón!!!!!







