Como hijo y nieto de
jienenses, siempre me atrae Jaén. La visito desde niño, menos de los que me
gustaría, pero tengo muy buenos recuerdos.
La Olivobook se anunciaba
como una prueba off road por la provincia de Jaén, con roadbook de más de
300km. En principio, Complicado para mí. Sin embargo, la posibilidad de navegar
en track en vez de con Roadbook (bueno para mí presbicia) y el aviso por parte
del organizador de que no sería una ruta difícil (bueno para mi forma física) me
animó a apuntarme, aunque sabía que seguramente no la podría completar.
A Silvia le gustó la idea de
visitar Úbeda y Baeza (patrimonio conjunto de la humanidad) mientras yo
realizaba la ruta, así que decidimos irnos juntos en el coche y llevar la KTM
en el carro, para disfrutar en pareja, del fin de semana aurgitano.
Llegamos a tiempo a la
entrega de dorsales y al briefing y ya se podía intuir que el evento podía “morir
de éxito”. Muchas motos de campo de todo tipo y marca, con predominio de Huskis
701 y KTM 890, mucho carro (para guardar taco) y mucho ambiente en el bar de la
carpa.
Los organizadores parecían
intimidados, quizá por falta de experiencia o por timidez. El caso es que el
briefing (muy importante para evitar puntos difíciles o conflictivos) fue un poco
desastre, pero había tan buen ambiente, que se perdonaba con facilidad. De
hecho, mientras flipábamos con la charla, coincidimos con unos amigos de Güize,
que estaban alucinando como nosotros y compartimos con ellos el buen rollo y las
risas varias.
La salida, que estaba
prevista por parejas de dorsales cada dos minutos, no se respetó.
Sencillamente, la peña pasó de la organización, buscó a sus colegas y salió a cascoporro. Malo para los permisos de
medio ambiente y para la imagen de los usuarios de la moto trail. Sin embargo,
la salida del pueblo estaba guiada por Protección Civil.
La primera sección era
selectiva. Se subía y bajaba un olivar “a pico” y ya sea por los nervios
iniciales o porque la peña estaba fría, los grupos se separaron y muchos participantes
se perdieron o se quedaron enganchados. Vino bien para separar los grupos de la
salida.
Después de más de cincuenta
kilómetros de senderos pedregosos entre olivares (de cierta dificultad, pero muy entretenidos)
repostamos en una gasolinera en Torreperogil que nos permite algo de descanso y
comentar la jugada con los demás compañeros.
Hasta el puente de Ariza la
zona es endurera con escalones de piedra, uno de los cuales es de buen tamaño;
lo salto, animado por vérselo hacer al compañero que voy siguiendo y lo supero
por los pelos, lanzándome en el aterrizaje, fuera del sendero, a un matorral en
el que se engancha la moto y del que me tiene que ayudar a salir un par de
compañeros (muchas gracias). Los participantes de maxitrail bicilíndricas han
tenido que sudar. Los que vamos con monocilíndricas nos lo vamos pasando genial
(gracias a que el terreno está seco) pero empiezo a confirmar mis sospechas de
que es poco probable que termine el recorrido.
La ruta cambia y atravesamos
el embalse del Guadalén por pistas, disfrutando del paisaje y relajando la
conducción. Subimos a Vilches y llegamos
a la presa de la Fernandina. Una zona preciosa y sencilla de rutear.
En la Carolina nuevo
repostaje, hidratación y algo rápido de comer. No quiero parar en uno de sus
múltiples bares, porque me lo estoy pasando genial y quiero seguir con el ritmo
que llevo.
Salimos de la Carolina por
las pistas que llevan al Centenillo. Los olivares dejan paso a los pinares del
Parque Natural de la Sierra de Andújar. El paisaje es magnífico, pero las
pistas han dejado paso a carreteras muy rotas, menos agradables de pisar.
Los miradores del parque natural se suceden, permitiendo disfrutar de vistas geniales. Paro en todos y me sorprendo con el avistamiento de muchos cérvidos.
Han vuelven las pistas de
tierra y su trazado es sinuoso. Disfrutamos mucho hasta llegar al precioso
pueblo de Baños de la Encina.
Llego de nuevo a La
Carolina. He recorrido tres cuartas partes de la ruta y me encuentro cansado
pero muy satisfecho. Estoy animado a continuar así que me tomo un Red Bull y
decido intentar acabar.
Buena decisión ya que la
salida de la Carolina la hacemos por carretera hasta atravesar por el puente
norte el embalse de la Fernandina y el tramo me permite procesar la bebida
energética y llegar al Paraje Natural de La Zarzuela “a tope de power”.
Las pistas hasta llegar a
Santisteban del Puerto son espectaculares. De las mejores que he hecho en
España (y he hecho muchas). De trazado rápido pero sinuoso, entre pinares
densos y con un firme perfecto, permitiendo una conducción muy dinámica y
divertida.
En principio, el último
tramo entre Santisteban y Navas debería ser un trámite, pero resulta que me
quedo sin GPS y es el único momento de la ruta en el que estoy rodando solo (un
poquito de emoción). Podría poner el otro móvil, pero decido seguir las trazas,
ya que el terreno está blando, incluso embarrado y se ven bien.
Falta poco para anochecer y
el sol está muy bajo, mientras circulo por la ruta en dirección al Oeste. No
veo nada con el sol frontal, incluso con la pantalla ahumada (otro poquito de
emoción)
El tramo tiene un par de
subidas embarradas con piedras mojadas que sin gps y con el sol de frente me
empiezan a poner nervioso y justo en ese momento me alcanzan dos participantes.
Son los amigos de Güize, nos saludamos entre risas y les sigo hasta la meta.
Ruta terminada. Satisfacción
total. Una cerveza por la victoria en el bar de la carpa de meta y me despido
del evento con ganas de volver.
Silvia se ha recorrido todos
los sitios pintorescos de Baeza y Úbeda y a pesar de estar tan destrozada como
yo, nos contamos nuestras aventuras animadamente, mientras disfrutamos de una
excelente cena de tapas andaluzas y de varias cervezas.

1 comentario:
Como dicen en The Crown. Eres mi agua y mi sol necesarios para vivir.
Que bien lo hemos pasado juntos.
A por la siguiente.
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