viernes, 18 de noviembre de 2022

OLIVOBOOK

 

Como hijo y nieto de jienenses, siempre me atrae Jaén. La visito desde niño, menos de los que me gustaría, pero tengo muy buenos recuerdos.

La Olivobook se anunciaba como una prueba off road por la provincia de Jaén, con roadbook de más de 300km. En principio, Complicado para mí. Sin embargo, la posibilidad de navegar en track en vez de con Roadbook (bueno para mí presbicia) y el aviso por parte del organizador de que no sería una ruta difícil (bueno para mi forma física) me animó a apuntarme, aunque sabía que seguramente no la podría completar.

A Silvia le gustó la idea de visitar Úbeda y Baeza (patrimonio conjunto de la humanidad) mientras yo realizaba la ruta, así que decidimos irnos juntos en el coche y llevar la KTM en el carro, para disfrutar en pareja, del fin de semana aurgitano.

Llegamos a tiempo a la entrega de dorsales y al briefing y ya se podía intuir que el evento podía “morir de éxito”. Muchas motos de campo de todo tipo y marca, con predominio de Huskis 701 y KTM 890, mucho carro (para guardar taco) y mucho ambiente en el bar de la carpa.


Los organizadores parecían intimidados, quizá por falta de experiencia o por timidez. El caso es que el briefing (muy importante para evitar puntos difíciles o conflictivos) fue un poco desastre, pero había tan buen ambiente, que se perdonaba con facilidad. De hecho, mientras flipábamos con la charla, coincidimos con unos amigos de Güize, que estaban alucinando como nosotros y compartimos con ellos el buen rollo y las risas varias.

La salida, que estaba prevista por parejas de dorsales cada dos minutos, no se respetó. Sencillamente, la peña pasó de la organización, buscó a sus colegas y  salió a cascoporro. Malo para los permisos de medio ambiente y para la imagen de los usuarios de la moto trail. Sin embargo, la salida del pueblo estaba guiada por Protección Civil.

La primera sección era selectiva. Se subía y bajaba un olivar “a pico” y ya sea por los nervios iniciales o porque la peña estaba fría, los grupos se separaron y muchos participantes se perdieron o se quedaron enganchados. Vino bien para separar los grupos de la salida.

Después de más de cincuenta kilómetros de senderos pedregosos entre olivares  (de cierta dificultad, pero muy entretenidos) repostamos en una gasolinera en Torreperogil que nos permite algo de descanso y comentar la jugada con los demás compañeros.



Hasta el puente de Ariza la zona es endurera con escalones de piedra, uno de los cuales es de buen tamaño; lo salto, animado por vérselo hacer al compañero que voy siguiendo y lo supero por los pelos, lanzándome en el aterrizaje, fuera del sendero, a un matorral en el que se engancha la moto y del que me tiene que ayudar a salir un par de compañeros (muchas gracias). Los participantes de maxitrail bicilíndricas han tenido que sudar. Los que vamos con monocilíndricas nos lo vamos pasando genial (gracias a que el terreno está seco) pero empiezo a confirmar mis sospechas de que es poco probable que termine el recorrido.

La ruta cambia y atravesamos el embalse del Guadalén por pistas, disfrutando del paisaje y relajando la conducción. Subimos a Vilches  y llegamos a la presa de la Fernandina. Una zona preciosa y sencilla de rutear.

En la Carolina nuevo repostaje, hidratación y algo rápido de comer. No quiero parar en uno de sus múltiples bares, porque me lo estoy pasando genial y quiero seguir con el ritmo que llevo.


Salimos de la Carolina por las pistas que llevan al Centenillo. Los olivares dejan paso a los pinares del Parque Natural de la Sierra de Andújar. El paisaje es magnífico, pero las pistas han dejado paso a carreteras muy rotas, menos agradables de pisar.

Los miradores del parque natural se suceden, permitiendo disfrutar de vistas geniales. Paro en todos y me sorprendo con el avistamiento de muchos cérvidos.






Han vuelven las pistas de tierra y su trazado es sinuoso. Disfrutamos mucho hasta llegar al precioso pueblo de Baños de la Encina.


Llego de nuevo a La Carolina. He recorrido tres cuartas partes de la ruta y me encuentro cansado pero muy satisfecho. Estoy animado a continuar así que me tomo un Red Bull y decido intentar acabar.

Buena decisión ya que la salida de la Carolina la hacemos por carretera hasta atravesar por el puente norte el embalse de la Fernandina y el tramo me permite procesar la bebida energética y llegar al Paraje Natural de La Zarzuela “a tope de power”.

Las pistas hasta llegar a Santisteban del Puerto son espectaculares. De las mejores que he hecho en España (y he hecho muchas). De trazado rápido pero sinuoso, entre pinares densos y con un firme perfecto, permitiendo una conducción muy dinámica y divertida.




En principio, el último tramo entre Santisteban y Navas debería ser un trámite, pero resulta que me quedo sin GPS y es el único momento de la ruta en el que estoy rodando solo (un poquito de emoción). Podría poner el otro móvil, pero decido seguir las trazas, ya que el terreno está blando, incluso embarrado y se ven bien.

Falta poco para anochecer y el sol está muy bajo, mientras circulo por la ruta en dirección al Oeste. No veo nada con el sol frontal, incluso con la pantalla ahumada (otro poquito de emoción)

El tramo tiene un par de subidas embarradas con piedras mojadas que sin gps y con el sol de frente me empiezan a poner nervioso y justo en ese momento me alcanzan dos participantes. Son los amigos de Güize, nos saludamos entre risas y les sigo hasta la meta.

Ruta terminada. Satisfacción total. Una cerveza por la victoria en el bar de la carpa de meta y me despido del evento con ganas de volver.




Silvia se ha recorrido todos los sitios pintorescos de Baeza y Úbeda y a pesar de estar tan destrozada como yo, nos contamos nuestras aventuras animadamente, mientras disfrutamos de una excelente cena de tapas andaluzas y de varias cervezas.