¡Cómo me apetecía volver a
hacer una Canalllada después de suspender la edición del 2020 por el puto
covid!
Rafa había preparado todo al
detalle y tenía claro, que las rutas y saraos serían de matrícula de honor.
Para cerrar el círculo, pedí el lunes en el trabajo y así, poder volver a casa ruteando
por carreteras secundarias.
Suele pasar, que los eventos
no coinciden con las mejores previsiones meteorológicas. La gota fría que
sufrimos, desde la Roda hasta Albacete,
fue de campeonato, pero tanto José Ángel como un servidor la superamos sin
mayor problema y nos regalamos un bocata para celebrarlo.
Llegamos al hotel de noche,
justo para cenar, recoger la camiseta del evento (gracias Rafa), admirar la
“Taramundi” que nos ha gestionado K (Gracias Antonio) y saludar a los demás
picneros que ya estaban disfrutando de unas buenas cervezas.
La ruta del sábado transita
por el norte de Alicante entre Benidorm y Alcoy, por muchas de las retorcidas
carreteras que recorrerá el Rally de la Nucía.
Llegamos al bar del almuerzo
10 minutos después de su estricta normativa de cocina y nos da lo mismo. No nos
fastidia el talante, nada, ni nadie. Ellos se lo pierden.
El asfalto está húmedo en
algunas zonas y conviene tener precaución pero disfrutamos como siempre. Se nos
une Nacho Melero a la Ruta y posteriormente su chica también nos acompañará en
la comida.
Surrealista y pintoresca la comida
que nos tenía preparada Rafa, en la que no paramos de reír, hasta bien entrada
la tarde.
La ruta de vuelta al hotel
debe ser recortada y aún y con eso, llegamos cansados… pero felices.
Cena, risas y copa (literal,
solo una copa) somos muy salaos, pero estamos mayores para trasnochar.
El domingo no hay resto de
la borrasca, ni de resaca y disfrutamos de camino al norte hacia la provincia
de Valencia. Almorzamos un buen bocata en Planes, en el bar LLuis, mucho menos
estricto con los horarios.
En el embalse de Beniarrés
nos dividimos, sin querer y sin necesidad. Suele pasar…no debería…pero pasa.
Atravesar la llanura de
naranjos no me supone ningún problema. Disfruto del paisaje, descanso y me
viene bien para preparar el festival de curvas que supone llegar a dos Aguas.
¡Qué pasote!. ¡Cómo
disfruto!. La XR es la moto perfecta por asfalto en buen estado sea como sea su
trazado y orografía.
El único pero es la leyenda
negra de los frenos traseros de BMW, que me costaba creer, pero que puedo
certificar. En mitad del tramo (largo y a muy buen ritmo) y simplemente por
usarlo, a veces, apoyándome a la entrada de las curvas más cerradas, se vino
abajo. Dejé de usarlo y recuperó, pero no es de recibo.
En Dos Aguas volvemos a
tener una comida surrealista y pintoresca y del mismo modo que el sábado,
disfrutamos a tope, tanto de la comida, como de la compañía.
Domingo después de comer. Melancolía.
Algunos se vuelven a Alicante y otros se van a Madrid, pero un grupo de
privilegiados disfrutamos de cómo el Madrid le gana al Barca, mientras tomamos
un digestivo.
Ruta divertida hasta Requena
donde, cenaremos viendo al Atlético (para compensar), dormiremos para recuperar
fuerzas y comenzaremos la ruta del lunes, sin prisa, hasta casa.
Montar en moto un lunes
laborable es otro nivel. De camino a Ademuz, por el embalse de Benagéber no
solo disfrutamos de la ruta y del paisaje, sino también de la sensación de
libertad, que supone saber, donde sueles estar y que sueles hacer los lunes.
La ruta es larga y tenemos
hambre. Complicado en lunes por carreteras secundarias. Sin embargo, en Huerta
del Marquesado, en “la casa del Tío Migue” nos dan de comer fantásticamente
superando nuestras mejores expectativas.
Están asfaltando la
carretera de Valdemeca y un operario nos indica que debemos ir por la pista de
tierra paralela. No hay problema…si no fuera porque hay que vadear el rio. En
fin, pasamos si mayor dificultad, pero seguro que al catalizador de mi XR no le
ha hecho mucha gracia.
Paramos en el Ventano del
Diablo (sin turistas) a despedirnos y a separarnos, para cerrar ruta hasta
casa.
Una Canallada perfecta. Ya
estoy pensando en la del 22.