lunes, 29 de marzo de 2021

EMERITA EN MOTO

 

Están abiertas las comunidades de Madrid y Extremadura y estamos sanos. Como decía el poeta romano: CARPE DIEM.

Mérida es monumental y suele tener muy  buena temperatura a finales de invierno, además, el camino desde casa es asumible en un día para la pequeña BMW y la ruta tiene, moto tramos preciosos.

Empezamos camino, después de trabajar, cansados pero con mucha ilusión, atravesando la zona Noroeste de nuestra comunidad, hacia el sur. Es una ruta conocida, pero muy entretenida, que nos permitió llegar a Santa Cruz del Retamar casi sin darnos cuenta.


En estas carreteras, la pequeña 310 va muy bien, de vez en cuando curveo con la XR, claro, pero al cortar gas en las zonas rectas, enseguida me ilumina el faro de Silvia.

Un tramo de autovía (aburrido) nos acerca a los Ibores. Es justo el codo de la ruta y es espectacular. El trazado, la vegetación y la nula circulación nos permiten disfrutar muchísimo y, ahora sí, acercarnos a la “normalidad”.

El tramo final hasta Mérida lo hicimos casi anocheciendo, llegando con  tiempo suficiente para aparcar las motos (cuatro candados en la plaza de parking del hotel, jejeje), desaher maletas y cenar en una terracita disfrutando de las delicias gastronómicas extremeñas.

Eso sí, a las 23:00, toque de queda.

Oficina de turismo a primera hora y a disfrutar del teatro y anfiteatro Romano. Prácticamente solos, con fresco y sol, en un paraje incomparable y muy bien acondicionado. PERFECTO.





Después de admirar los mosaicos de la Casa Mitreo y de disfrutar de un paseo por los Columbarios, empezamos a notar cansancio, pero estamos tan flipados con lo que ofrece la ciudad que no podemos parar.

La Alcazaba y el área arqueológica de la Morería, enfrente de los puentes del Guadiana, terminan a partes iguales por fascinarnos y por agotarnos.




Fácil solución: comida en terraza frente al Guadiana. Sol, raciones extremeñas y cerveza.

Por la tarde, museo arqueológico (im-pre-sio-nan-te) y descanso en el hotel. Queda un poquito de sol. Una vueltecita en moto, apetece. Por un lado nos permite acercarnos a los acueductos de los Milagros y de San Lázaro y por otro realizar una pequeña ruta hasta el embalse de Proserpina.





Día completo, día comansi.

Nos queda mucho por ver. No te terminas Mérida en un día. Nos acercamos paseando (en total, nos haremos 20 Km andando a lo largo de todo el finde) al
Circo.




Teniendo en cuenta mi afición desmedida por el motorsport, me encuentro subyugado. 30000 personas, hace 2000 años, enganchadas por la competición de velocidad y riesgo de bigas (bicilíndricas, jeje) y cuadrigas (cuatro cilindros, jejeje).

La Cripta de Santa Eulalia, estremece y su calle frontal nos acerca al centro de la ciudad, donde disfrutamos del templo de Diana, mientras tomamos un cafelito en una de las terrazas más espectaculares de España.



Una vez repuestos, toca cruzar el Guadiana por el puente romano y tapear por las terrazas del centro de la ciudad.

Descanso en el hotel (empezamos a tener cargadas las piernas) y nueva ruta en moto por los alrededores, esta vez hasta el embalse de Cornalvo y su parque natural, que dispone de una estrecha carretera asfaltada, que atraviesa serpenteando dehesas verdes y húmedas, hasta llegar a la presa del embalse.



Hemos quedado para cenar con nuestros amigos Patricia y Antonio en el restaurante A de Arco. El dueño es hermano de un compañero de trabajo de Silvia. Cenamos, muy bien, con el arco de Trajano de mural.  Un lujo por la compañía y por el entorno.



Eso sí: toque de queda a las 23:00.

Nos volvemos por Guadalupe. Sin apenas circulación y disfrutando del paisaje y la temperatura. Es una ruta motera espectacular.



Parada para rezarle un Ave María a la Virgen y almuerzo con nuestros amigos y de nuevo en ruta, curveando por el Puerto de San Vicente y subiendo por la N403 hasta casa.




Se cierran perimetralmente todas la Comunidades de cara al puente de san José y la Semana Santa. CARPE DIEM.















 


 








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