Track, GPS, coche y carro,
motos a punto, móviles con plena carga, hotel y parking reservado….y sin
embargo, vivimos una auténtica aventura motera.
Nacho y Javi llevaban tiempo
queriendo ir a pirineos con sus monocilíndricas de trail-enduro calzadas con
llantas de 17 y neumáticos de carretera. Yo tenía claro que quería acompañarlos,
pero dudaba entre llevarme la Triumph Sport 1050 y disfrutar en lo rápido
cómodamente o llevarme la 690 con el kit de llantas de 17” y disfrutar en lo
revirado sin confort. Al final decidió
el carro, porque la única manera de llevar las tres motos en él, es que ocupen
poco.
Metemos las tres monos en el
carro sin problemas y nos vamos en el coche hasta Sabiñánigo donde tendremos
nuestro centro de operaciones, con parcela para dejar el coche y el carro
mientras vamos de ruta y con hotel-bar-restaurante para cuando nos bajamos de
las motos.
Llegamos justitos. Con un
litro de gasolina en el coche y a punto de cerrar la recepción y el
restaurante. Pero nos da tiempo a todo: incluido cenar un chuletón y tomar unas
copillas.
Sin madrugar demasiado nos
ponemos en marcha para realizar la primera ruta del viaje. El tiempo es tan
bueno que no nos lo creemos. Empezamos con un tramo largo de carreteras
reviradas con mal asfalto, hasta llegar a la estación de Canfran. Ritmo alto
con mucho bache. Demasiado bestia para el primer tramo del viaje pero buena
manera de calentar.
Hasta la Pierre Saint Martin
nos lo pasamos fenomenal. Todo tipo de asfalto, muy revirado, algo de
graba…perfecto para nuestras monos. No paramos de cruzarnos con maxitrail de
doscientos y pico kilos y tres maletas. Van cómodos y lentos. Sin embargo,
hemos calculado mal los pasos por las gasolineras. Nuestras motos tienen una
autonomía aceptable de 200km, pero la ruta nos lleva a una zona sin repostaje
cuando llevamos 150. Mejor media vuelta y a hacernos otra vez (nos
sacrificaremos) los puertos que hemos subido.
Llegamos cansados a la
gasolinera de Accous d’Ailes pero enfrente hay un restaurante con una pinta estupenda
(Le Permanyou) y además es la hora de comer en Francia (12:00).
Comemos de escándalo,
atendidos por una súper camarera que habla español.
Nos vamos con gasolina y el
estómago agradecido hacia Navarra (Isaba).
La carretera del Roncal, con
su nudo de corbata, es preciosa y me pongo a tirar un poco, en el único tramo
en el que la Triumph hubiera sido más divertida que la 690. Tanto tiro que me
salto un cruce y tengo que dar la vuelta para entrar de nuevo a Francia por
Larrau (monte Ori y selva de Irati).
La vuelta a la N134 nos da
una tregua de paisajes, que no de curvas. Paramos a tomar algo y vamos notando
el cansancio. Sin embargo, volvemos a flipar con el paisaje hasta el Portalet,
donde nos lo pasamos genial.
No tuvimos problemas de
circulación a lo largo del viaje. Pocos ciclistas y coches pero sí que nos
cruzamos con múltiples pastores, guiando todo tipo de animales y acabamos con
una colección impresionante de boñigas en el cubre cárter.
La bajada por Formigal hasta
Sabiñánigo fue un paseo. Misión cumplida. Hemos completado la ruta en el tiempo
previsto y nos lo hemos pasado genial, sin ningún percance (vimos un pequeño
accidente de moto antes del Portalet pero los motoristas estaban bien).
Eso sí, mi neumático trasero
se está desintegrando…
Estamos felices, cansados y
contentos: ducha, cena, copa, chascarrillos y a dormir.
Llevamos un top case para el
equipaje, le queda raro a nuestras SM…pero ande yo caliente…. La ruta de hoy
nos llevará a Viella, donde dormiremos. El coche, el carro y la ropa sucia se
quedan en la parcela del camping de Sabiñánigo. Súper logística.
Volvemos por el Portalet. Me
encanta hacerme los puertos en los dos sentidos de circulación, cada curva es nueva,
pero tienes el recuerdo de cómo era en el otro sentido. Giramos a la derecha
por la D918 para hacernos una colección de puertos en serie. El paisaje, la
orografía, el trazado de los puertos, las vacas…todo es perfecto. Hay un montón
de motos, pero no supone ningún problema.
Del tirón llegamos a la
Route de luz y paramos a repostar en una gasolinera antes de encarar más
puertos por la D918.
No lo quiero mirar pero me
lo estoy temiendo…el neumático trasero ha dicho basta.
Désolé colegas. La he
cagado. El asfalto es muy abrasivo, hace calor y vamos “ligeros”…he calculado mal.
Le pregunto, sin ninguna convicción,
al gasolinero (única gasolinera atendida de todo el viaje por Francia). - ¿Hay
algún taller de motos cerca? . – Por supuesto, Hay uno en un pueblo cercano:
MOTOMECA - me contesta.
Pongo cara de asombro y le
digo que me explique cómo llegar.
Es sábado y dudo: que esté
abierto, que tenga una rueda, que la rueda me valga…
Les digo a los colegas que
sigan la ruta y que luego les pillo pero me acompañan en la gestión (unos
soletes).
Efectivamente, el taller
existe, pero está cerrado. Me derrumbo. Por si acaso leo el cartel de la puerta
e indica que abre el sábado por la mañana hasta las 12:00, cierra para comer y…Tachán!!!!!!!...abre
por la tarde a partir de las dos.
Son las 12:30.
Subidón total. Nos vamos al
pueblo de al lado a comer. Está lleno de moteros buscando manduca. Encontramos
un chiringuito bajo la sombra de una arboleda que tiene perritos, hamburguesas
y cerveza. Perfecto.
Son las dos menos diez.
El taller sigue cerrado.
Estoy acojonado.
A las dos en punto aparece
el dueño del taller. Un joven muy majete que me mira el neumático y resopla
Sigo acojonado.
-¿No tendrás algún neumático
que me valga?- le digo: con tono bajo y ojos entrecerrados (los tres).
-Tengo dos- me dice.
Le cantaría la Marsellesa.
Me contengo para no besarle y pongo cara de póquer para que me dé precio.
Le hubiera pagado a
cascoporro. Da igual, es mi día de suerte: me cobra un precio justo, me lo monta
inmediatamente y encima es un Conti sportattack (mi neumático favorito) en la
medida de mi moto.
Mis colegas han tirado hacia
el Tourmalet mientras me montaban el neumático. Me esperan tomando café justo
antes del puerto de Aspin. Como homenaje me pongo a tirar, mientras disfrutamos
los tres juntos de este fantástico puerto.
Llegamos al Portillón
eufóricos. Estamos en la gloria. Tenemos reservado un dúplex en Viella.
Viella es muy bonito y
acogedor. El dúplex es una pasada (como mola la temporada baja).
Ducha, ropa limpia y paseo disfrutando
del pueblo y del ambiente. Nos echamos unas cervezas y unas risas antes de
cenar pero Javi no se encuentra muy bien y prefiere retirarse a descansar.
Nacho y yo nos acercamos a una pizzería a cenar.
La cena es contundente y el
pueblo está a tope. Engaño a Nacho para tomar una copita mientras vemos el
Aleti-Madrid en un bar. Nacho tampoco se encuentra bien.
Vuelvo a estar acojonado.
Javi ha tenido problemas
para entrar en el dúplex con la llave electrónica y está jodido del estómago y
con ascos. Nacho ha potado la cena de camino al apartamento.
Un virus. El siguiente soy
yo.
Decido ponerles las SBK en
el ipad para entretenernos pero mientras sintonizo el wifi, veo por el rabillo
del ojo que cada uno se pira a un baño. En el de arriba Nacho echa el hígado
por la boca, al unísono, en el baño de abajo Javi está reventando la taza. Es
lo bueno de los dúplex…lo puedes dar todo en estéreo.
Me entra la risa floja y
nerviosa. No lo puedo remediar. Me descojono. Sé que soy el siguiente, pero la
situación, los gritos y los ruidos internos me llevan al éxtasis. Es la misma
sensación que ver una escena gore, en una película de miedo, mamao y haciendo
la digestión de un buffet chino.
Afortunadamente, después de
vaciarse se sienten mejor y nos vemos el carrerón de SBK (gana el chaval turco)
mientras nos descojonamos los tres de la situación vivida.
Me encuentro bien, me doy un
paseo y desayuno en el pueblo para despedirme. Javi y Nacho parece que también están
bien. Por si acaso deciden no desayunar.
Un Acuarius mientras echamos gasolina y empezamos la ruta.
Bajamos por la N230 hasta
Vilaller y nos adentramos en Aragón por pistas asfaltadas muy estrechas y
reviradas. Voy guiando a mis compañeros, que supongo todavía recuperándose de
sus achaques, mientras visualizo que en cualquier momento, me puedo encontrar
de frente con una pick up llena de forraje.
Paramos en Castejón de Sos a
almorzar. Se está en la gloria.
Seguimos por la N260 disfrutando
del Congosto del Ventamillo, del que tan buenos recuerdos tengo y antes de
Ainsa volvemos a coger pistas asfaltadas rodeados de naturaleza agreste
(incluso nos vemos rodeados por una jauría de perros de caza) hasta que
llegamos al Cañón de Añisclo.
Casi todos los colegas del
MC PicNic han estado en el cañón este verano y tengo curiosidad por rutearlo.
El cartel de la entrada no recomienda el paso de motos por desprendimientos así
que vamos a punta de gas con los Akras.
Es muy chulo. Un paraje que merece
visita y parada.
Continuamos por carreteras
muy reviradas y estrechas hasta que enlazamos de nuevo con la N260. Paramos a
tomar un refrigerio pasado Fanlo, en un chiringuito frente a un picadero, donde
se confirma la total recuperación de mis colegas de ruta.
Esto se acaba. Hacemos la
bajada hasta Biescas a ritmo muy alegre, disfrutando de cada curva, para poner
el broche que merece al viaje.
Ropa de calle, motos al
carro y a disfrutar de la comodidad del coche en la insulsa autopista que nos
llevará a casa.
Las monocilíndricas se han
portado como unas campeonas y nosotros hemos estado a su altura.










No hay comentarios:
Publicar un comentario