jueves, 10 de octubre de 2019

PIRINEOS & MONOS

Track, GPS, coche y carro, motos a punto, móviles con plena carga, hotel y parking reservado….y sin embargo, vivimos una auténtica aventura motera.
Nacho y Javi llevaban tiempo queriendo ir a pirineos con sus monocilíndricas de trail-enduro calzadas con llantas de 17 y neumáticos de carretera. Yo tenía claro que quería acompañarlos, pero dudaba entre llevarme la Triumph Sport 1050 y disfrutar en lo rápido cómodamente o llevarme la 690 con el kit de llantas de 17” y disfrutar en lo revirado sin confort.  Al final decidió el carro, porque la única manera de llevar las tres motos en él, es que ocupen poco.
Metemos las tres monos en el carro sin problemas y nos vamos en el coche hasta Sabiñánigo donde tendremos nuestro centro de operaciones, con parcela para dejar el coche y el carro mientras vamos de ruta y con hotel-bar-restaurante para cuando nos bajamos de las motos.


Llegamos justitos. Con un litro de gasolina en el coche y a punto de cerrar la recepción y el restaurante. Pero nos da tiempo a todo: incluido cenar un chuletón y tomar unas copillas.

Sin madrugar demasiado nos ponemos en marcha para realizar la primera ruta del viaje. El tiempo es tan bueno que no nos lo creemos. Empezamos con un tramo largo de carreteras reviradas con mal asfalto, hasta llegar a la estación de Canfran. Ritmo alto con mucho bache. Demasiado bestia para el primer tramo del viaje pero buena manera de calentar.



Hasta la Pierre Saint Martin nos lo pasamos fenomenal. Todo tipo de asfalto, muy revirado, algo de graba…perfecto para nuestras monos. No paramos de cruzarnos con maxitrail de doscientos y pico kilos y tres maletas. Van cómodos y lentos. Sin embargo, hemos calculado mal los pasos por las gasolineras. Nuestras motos tienen una autonomía aceptable de 200km, pero la ruta nos lleva a una zona sin repostaje cuando llevamos 150. Mejor media vuelta y a hacernos otra vez (nos sacrificaremos) los puertos que hemos subido.



Llegamos cansados a la gasolinera de Accous d’Ailes pero enfrente hay un restaurante con una pinta estupenda (Le Permanyou) y además es la hora de comer en Francia (12:00).
Comemos de escándalo, atendidos por una súper camarera que habla español.



Nos vamos con gasolina y el estómago agradecido hacia Navarra (Isaba).
La carretera del Roncal, con su nudo de corbata, es preciosa y me pongo a tirar un poco, en el único tramo en el que la Triumph hubiera sido más divertida que la 690. Tanto tiro que me salto un cruce y tengo que dar la vuelta para entrar de nuevo a Francia por Larrau (monte Ori y selva de Irati).



La vuelta a la N134 nos da una tregua de paisajes, que no de curvas. Paramos a tomar algo y vamos notando el cansancio. Sin embargo, volvemos a flipar con el paisaje hasta el Portalet, donde nos lo pasamos genial.
No tuvimos problemas de circulación a lo largo del viaje. Pocos ciclistas y coches pero sí que nos cruzamos con múltiples pastores, guiando todo tipo de animales y acabamos con una colección impresionante de boñigas en el cubre cárter.
La bajada por Formigal hasta Sabiñánigo fue un paseo. Misión cumplida. Hemos completado la ruta en el tiempo previsto y nos lo hemos pasado genial, sin ningún percance (vimos un pequeño accidente de moto antes del Portalet pero los motoristas estaban bien).



Eso sí, mi neumático trasero se está desintegrando…
Estamos felices, cansados y contentos: ducha, cena, copa, chascarrillos y a dormir.
Llevamos un top case para el equipaje, le queda raro a nuestras SM…pero ande yo caliente…. La ruta de hoy nos llevará a Viella, donde dormiremos. El coche, el carro y la ropa sucia se quedan en la parcela del camping de Sabiñánigo. Súper logística.
Volvemos por el Portalet. Me encanta hacerme los puertos en los dos sentidos de circulación, cada curva es nueva, pero tienes el recuerdo de cómo era en el otro sentido. Giramos a la derecha por la D918 para hacernos una colección de puertos en serie. El paisaje, la orografía, el trazado de los puertos, las vacas…todo es perfecto. Hay un montón de motos, pero no supone ningún problema.



Del tirón llegamos a la Route de luz y paramos a repostar en una gasolinera antes de encarar más puertos por la D918.
No lo quiero mirar pero me lo estoy temiendo…el neumático trasero ha dicho basta.



Désolé colegas. La he cagado. El asfalto es muy abrasivo, hace calor y vamos  “ligeros”…he calculado mal.
Le pregunto, sin ninguna convicción, al gasolinero (única gasolinera atendida de todo el viaje por Francia). - ¿Hay algún taller de motos cerca? . – Por supuesto, Hay uno en un pueblo cercano: MOTOMECA - me contesta.



Pongo cara de asombro y le digo que me explique cómo llegar.
Es sábado y dudo: que esté abierto, que tenga una rueda, que la rueda me valga…
Les digo a los colegas que sigan la ruta y que luego les pillo pero me acompañan en la gestión (unos soletes).
Efectivamente, el taller existe, pero está cerrado. Me derrumbo. Por si acaso leo el cartel de la puerta e indica que abre el sábado por la mañana hasta las 12:00, cierra para comer y…Tachán!!!!!!!...abre por la tarde a partir de las dos.
Son las 12:30.
Subidón total. Nos vamos al pueblo de al lado a comer. Está lleno de moteros buscando manduca. Encontramos un chiringuito bajo la sombra de una arboleda que tiene perritos, hamburguesas y cerveza. Perfecto.
Son las dos menos diez.
El taller sigue cerrado. Estoy acojonado.
A las dos en punto aparece el dueño del taller. Un joven muy majete que me mira el neumático y resopla
Sigo acojonado.
-¿No tendrás algún neumático que me valga?- le digo: con tono bajo y ojos entrecerrados (los tres).
-Tengo dos- me dice.
Le cantaría la Marsellesa. Me contengo para no besarle y pongo cara de póquer para que me dé precio.
Le hubiera pagado a cascoporro. Da igual, es mi día de suerte: me cobra un precio justo, me lo monta inmediatamente y encima es un Conti sportattack (mi neumático favorito) en la medida de mi moto.
Mis colegas han tirado hacia el Tourmalet mientras me montaban el neumático. Me esperan tomando café justo antes del puerto de Aspin. Como homenaje me pongo a tirar, mientras disfrutamos los tres juntos de este fantástico puerto.



Llegamos al Portillón eufóricos. Estamos en la gloria. Tenemos reservado un dúplex en Viella.
Viella es muy bonito y acogedor. El dúplex es una pasada (como mola la temporada baja).

Ducha, ropa limpia y paseo disfrutando del pueblo y del ambiente. Nos echamos unas cervezas y unas risas antes de cenar pero Javi no se encuentra muy bien y prefiere retirarse a descansar. Nacho y yo nos acercamos a una pizzería a cenar.
La cena es contundente y el pueblo está a tope. Engaño a Nacho para tomar una copita mientras vemos el Aleti-Madrid en un bar. Nacho tampoco se encuentra bien.
Vuelvo a estar acojonado.
Javi ha tenido problemas para entrar en el dúplex con la llave electrónica y está jodido del estómago y con ascos. Nacho ha potado la cena de camino al apartamento.
Un virus. El siguiente soy yo.
Decido ponerles las SBK en el ipad para entretenernos pero mientras sintonizo el wifi, veo por el rabillo del ojo que cada uno se pira a un baño. En el de arriba Nacho echa el hígado por la boca, al unísono, en el baño de abajo Javi está reventando la taza. Es lo bueno de los dúplex…lo puedes dar todo en estéreo.
Me entra la risa floja y nerviosa. No lo puedo remediar. Me descojono. Sé que soy el siguiente, pero la situación, los gritos y los ruidos internos me llevan al éxtasis. Es la misma sensación que ver una escena gore, en una película de miedo, mamao y haciendo la digestión de un buffet chino.
Afortunadamente, después de vaciarse se sienten mejor y nos vemos el carrerón de SBK (gana el chaval turco) mientras nos descojonamos los tres de la situación vivida.
Me encuentro bien, me doy un paseo y desayuno en el pueblo para despedirme. Javi y Nacho parece que también están  bien. Por si acaso deciden no desayunar. Un Acuarius mientras echamos gasolina y empezamos la ruta.



Bajamos por la N230 hasta Vilaller y nos adentramos en Aragón por pistas asfaltadas muy estrechas y reviradas. Voy guiando a mis compañeros, que supongo todavía recuperándose de sus achaques, mientras visualizo que en cualquier momento, me puedo encontrar de frente con una pick up llena de forraje.
Paramos en Castejón de Sos a almorzar. Se está en la gloria.
Seguimos por la N260 disfrutando del Congosto del Ventamillo, del que tan buenos recuerdos tengo y antes de Ainsa volvemos a coger pistas asfaltadas rodeados de naturaleza agreste (incluso nos vemos rodeados por una jauría de perros de caza) hasta que llegamos al Cañón de Añisclo.
Casi todos los colegas del MC PicNic han estado en el cañón este verano y tengo curiosidad por rutearlo. El cartel de la entrada no recomienda el paso de motos por desprendimientos así que vamos a punta de gas con los Akras.
Es muy chulo. Un paraje que merece visita y parada.






Continuamos por carreteras muy reviradas y estrechas hasta que enlazamos de nuevo con la N260. Paramos a tomar un refrigerio pasado Fanlo, en un chiringuito frente a un picadero, donde se confirma la total recuperación de mis colegas de ruta.
Esto se acaba. Hacemos la bajada hasta Biescas a ritmo muy alegre, disfrutando de cada curva, para poner el broche que merece al viaje.
Ropa de calle, motos al carro y a disfrutar de la comodidad del coche en la insulsa autopista que nos llevará a casa.



Las monocilíndricas se han portado como unas campeonas y nosotros hemos estado a su altura.

viernes, 23 de agosto de 2019

MOTO Y ATLÁNTICO


Muchos viajes a Portugal disfrutando de sus paisajes, su gente y su gastronomía. Muchas ganas de moto y de mar. Si juntábamos todas las variables nos salía un viaje en moto a Portugal a una zona costera fresquita. Un buen rato frente al ordenador  y varios cafés con hielo, dibujaron un track revirado pero plausible que nos llevará hasta las larguísimas playas que unen Aveiro con Figueira da Foz.
Moto revisada: lo normal y un par de puntos de precarga; sencillo. Equipaje para dos, durante una semana, entre baúl y bolsa sobre depósito; complejo.


Salimos sin madrugar y sin calor en dirección a las Arribes del Duero (vertiente Española). Saucelle, Aldeadavila, Fermoselle, etc. Hasta entrar en Portugal por Miranda do Douro, donde haremos noche.
Paramos en algunos, de los muchos miradores del Duero, disfrutando de su anchura y verdor mientras recorremos las sinuosas y solitarias carreteras que los unen.




Algunos miradores (de las Barrancas) están cerca de ermitas que sorprenden (Nuestra señora del castillo).


Miranda merece una parada. Un paseo por su casco antiguo (muralla, castillo y catedral) nos entretiene hasta la cena.


Empezamos la ruta por los arribes portugueses descansados y con una temperatura perfecta. También paramos en algunos de sus miradores (do Colado), muy cuidados y con buenos accesos y señalización.



La playa fluvial de Freixo de Espada a Cinta está cerca y es tan acogedora y agradable que nos quedamos un buen rato disfrutándola.


Descendemos hacia el sur por su famosa N221de trazado precioso y asfalto  gris ceniza, que al principio no da mucha confianza, pero que tiene un agarre excepcional en seco, como parecen decir sus múltiples destellos brillantes. En Pinhel paramos a comer y a descansar de curvas.
Atravesar un país estrecho hace que lleguemos a nuestro destino costero (Quiaios) sin darnos cuenta.
Checking e inmediatamente al mar. Pies al agua, paseíto por la arena y cena en chiringuito. Perfecto



Amanece con un sol de justicia y solo 25º C. Cogemos carreteras secundarias entre bosques muy cerca del mar hasta llegar a Aveiro.




Recorrido a pie y en barca disfrutando de sus pintorescos canales. Muy bonito y acogedor. Silvia se queda con ganas de más barco y decidimos apuntarnos a un paseo por los canales de su ría…somos los únicos. El barquero nos comenta, con cara de póquer: -no puedo sacar la barca grande solo para dos, pero si os animáis, os llevo en la barca de rescate-. La barca de rescate parece incomoda e insegura. Una auténtica aventura. Justo lo que le gusta a Silvia.





Disfrutamos: de un par de horas navegando rodeados de grandes paisajes de salinas abandonadas y de un par de docenas de saltos con salpicadas antológicas. Lo hemos pasado fenomenal y el barquero….también.
Visita al faro de barra (realmente alto) y a las pintorescas casitas de Costa Nova antes de volver al descanso del hotel.



Tarde de playa, piscina al aire libre, piscina cubierta y jacuzzi.
Hoy toca Figueira, pero sin prisa, primero disfrutamos de pasear por las pasarelas de madera, que surfean sobre las dunas de arena, paralelas al mar. Un lujo de varios kilómetros.





Los recorridos en moto por la zona costera son muy variables: carreteras monótonas y rectilíneas o pistas asfaltadas reviradas entre bosques. Hay que saber elegir
El cabo Mondego es otra cosa. Un pequeño puerto, con varios recorridos sinuosos entre una vegetación muy agreste e increíbles vistas del atlántico y de Figueira.



Nos impresiona el Palacio Sotto Maior. Merece una visita.


Cena y copa. Los chiringuitos con puesta de sol atlántica tienen su punto.


Nos vamos al interior. Sigue sin hacer calor. Coimbra es monumental. Recorremos la universidad, la biblioteca Joanina, el monasterio de la Santa Cruz, la Catedral Vieja, sus plazas y calles. Ralentizamos la visita, tomándonos  tiempo en disfrutarlo. Buscamos un restaurante apartado, donde comemos fenomenal: arroz con pulpo y atún a la brasa.



Nuestra última tarde en la costa: sesión continua de agua salada y dulce. Jugamos con las olas hasta hartarnos y recorremos toda la costa que podemos (andando por las maravillosas pasarelas) hasta que se ocultó el sol.


Nos vamos. Pero volveremos. Curvearemos desde Arganil hasta Guarda. Arganil, con sus pistas de WRC, es un muy buen lugar para enfilar la sierra de la Estrella. Además tiene una playa fluvial, con chiringuito y piscina, muy agradable para hidratarse y prepararse para el atracón de curvas que nos vamos a dar.


No es una cordillera extensa, pero los recorridos que se pueden hacer por dicha sierra no defraudan. Mucha curva con asfalto de todo tipo, pero siempre con grandes paisajes, manchados de bosques de lanzas negras, que nos recuerdan los terribles incendios que asolaron  estas tierras.


La cumbre tiene un restaurante y una pequeña estación de esquí (cota 2000). Perfecto para parar y reponer fuerzas.


Dejamos las carreteras principales que recorren la sierra y nos adentramos en los recorridos secundarios, más sinuosos si cabe.


Conviene hacer un inciso para el motero, las carreteras reviradas de Portugal son muy divertidas y no están; ni muy mal señalizadas, ni tiene un asfalto malo pero prácticamente carecen de arcén, así que es buena idea dejar un pequeño margen de seguridad.
Manteigas nos recibe cansados, sin embargo, su valle de acceso es de una belleza brutal y lo disfrutamos mucho.
Durante la bajada para abandonar la sierra, la circulación (sin ser mucha) aumenta y el recorrido sigue siendo igual de difícil. Silvia tiene un golpe de calor y tenemos que parar en un pueblo a refrescarnos en su fuente y dejar el track original, para ponernos en ruta a Guarda, por el camino más recto. En media hora estamos duchados, cambiados y de paseo por el casco antiguo de Guarda admirando su magnífica Catedral.


Cenamos muy bien, en una marisquería,  por aquello de alargar el sabor costero.
Último día: a atravesar las conocidas carreteras Salmantinas y a casa a abrazar a nuestras hijas.
La moto y la copiloto han sido unas protagonistas perfectas y el conductor un privilegiado. En estos tiempos de crónicas de grandes aventuras solitarias, los pequeños viajes, en la mejor compañía, plenos de kilómetros de calidad, tienen un valor extraordinario.






lunes, 15 de abril de 2019

COPA DE ESPAÑA MOTOTURISMO ADVENTURE: JADRAQUE


Cuando vi la presentación de la futura Copa de España de Mototurismo Adventure, pensé: quién lo hubiera pillado hace 15 años y 15 kilos!!!...tenía claro que debía apuntarme a alguna prueba y vivirlo desde dentro.




Se lo comenté a Nacho y él se lo comentó a Javi y nos inscribimos  rápidamente (los dorsales vuelan) a la prueba de Guadalajara, en Jadraque.


Tenía que volver a navegar con papel por campo. En carretera últimamente he participado en varios eventos con roadbook, pero en campo la última vez que navegué con roadbook fue en el 2006. Usaré un porta roadbook manual y de tripmaster un garmin 276. Clásico pero suficiente. Mis compañeros se van a hacer un portaroad book casero manual y a usar de trip el móvil. Cutre pero efectivo.


Viendo las clasificaciones de la primera prueba (Almería) está claro que llegar a tiempo a meta es muy difícil. Siete horas para 250 km de campo. No es mi objetivo, así que no le doy mayor importancia.

Coche y Motos a los carros. Incluso la mayoría de las maxitrail venían en carro (Había mucho neumático con tacos de estreno). Quedamos directamente en el polideportivo de Jadraque para recoger los dorsales y los road book. Besos y abrazos (me encuentro con Juan Antonio, un colega de los evento de Ibike Spain) y nos ponemos a trabajar sobre los roadbook porque hay un par de variaciones.


Hay ambiente de evento importante. Todo muy bien organizado. Mucha trail-enduro con kit de Rally, pero también maxi trail y endureras puras. La peña marca con rotuladores el roadbook y lleva porta roadbook eléctricos y  trip con botonera al manillar. Es lo suyo. Hay nivel.


Nosotros llevamos otro rollo. Incluso damos la nota con el porta roadbook casero de Nacho. Es pequeño y no le cabe el rollo entero. Nos partimos de risa y le esperamos mientras lo modifica.
Nos vamos a cenar y enseguida, a dormir al hostal. Tenemos muy buen rollo pero poca marcha.
Madrugón y desayuno vestidos de romano.  En el Briefing  la organización impone un límite de velocidad de 90 Km/h con muy bien criterio.
Caravana neutralizada hasta el ayuntamiento y salida uno a uno con: humo, música, presentador…flipante.


En la cola de espera de la salida decido apretar un poco más el soporte Ram y se rompe (se me cae un mito, llevo 15 años usándolos y nunca se me había roto ninguno). Me quedo sin GPS y por tanto, sin trip. Es imposible navegar sin él, así que le pongo dos bridas al móvil y lo coloco como puedo en la morcilla del manillar.


Salida y primeras pistas con cierto nerviosismo. Fallo en un cruce con otros tres pilotos, pero veo la caravana de motos por una pista paralela y me uno a ellos. En seguida veo que el ritmo es muy variado y que es imprescindible encontrar el que te permita ir divirtiéndote sin sustos, mientras verificas la navegación.
Veo a una moto  con el porta matrículas colgando y aviso al piloto para que lo apañe y no lo pierda. Llego a una subida con poca visibilidad con varios pilotos en la base. Espero para dejar algo de espacio con los que están subiendo y los sigo por una zona preciosa de veredas. El terreno está seco y pedregoso y la adherencia es buena. Si hubiera llovido la cosa sería muy diferente.


Llegamos a un pueblo con pilotos en todas direcciones. El rutómetro indica un fondo de saco adyacente a la carretera, pero mucha gente cree que es una glorieta. Acierto con el rumbo y pronto me empiezan a pasar los pilotos rápidos  que se habían perdido.
Cogemos un pequeño tramo de carretera y nos acercamos a un embalse. La bajada tiene muchas piedras sueltas y observo que el roadbook se ha destensado y tiene vida propia. Se adelanta y retrasa con las vibraciones y es muy molesto. Paro a intentar tensarlo un poco pero lo seguirá haciendo el resto de la prueba. Un piloto con una Honda está parado, me comenta que ha pinchado y que está tratando de solucionarlo.


El embalse da paso a una zona arbolada donde encuentro a otro piloto con problemas: ha roto la fijación del piñón de ataque. Empiezo a estar cansado y decido pararme a comer algo. Llevo comida y bebida y pensaba que encontraría algún grupo parando a tomar un refrigerio, pero no…la peña viene a correr y a competir.
Un paso de piedras y enseguida llegamos a un pueblo que da acceso a otra zona de veredas preciosa. Me percato de que hace algunos kilómetros que estoy en un grupo con varias trail enduro y maxi trail que llevamos el mismo ritmo. Me lo estoy pasando fenomenal y solo llevamos la mitad de la ruta.

 El rutómetro indica gasolinera. Decido repostar y así quitarme el problema de encima, además así puedo comer y beber un poco.



Otra vez pierdo el grupo. Se equivocan de rumbo. Sin embargo, coincido con un piloto en un cruce y seguimos juntos un buen rato. A los pocos kilómetros somos cuatro y empezamos una zona de pinares con base de arena hasta que llegamos a una bajada con una maxi trail caída en medio de la pendiente. Intento bajar a la zona plana, pero yo también me caigo.




Después de recuperarnos y de avanzar juntos por carretera, llegamos a la segunda gasolinera de la ruta. Llevamos 157 kilómetros y estoy muy cansado. Alguien propone irnos de cañas…nos miramos…nos sonreímos  y rápidamente nos vamos juntos hasta un restaurante donde pedimos cerveza y torreznos mientras comentamos el día y la ruta entre risas.




Llego a meta a entregar la baliza, lógicamente, fuera de tiempo y de ruta, pero muy contento y feliz con este evento de moto off road que he disfrutado a tope. Mis colegas (a los que no les he visto ni el pelo) si que han completado el recorrido y Nacho a llegado a tiempo. Después, al ver la clasificación, fliparemos con su puesto 30 de la general.




Repetiremos. Seguro.