Tenía
que meter a la XR en circuito. Es lo suyo. Me lo estaba pidiendo a gritos.
Cuando
los Tostaos me dijeron que querían ir al circuito de Cartagena a hacer un curso
en el puente de Diciembre, ni me lo pensé. Finalmente el equipo estaría formado por: Rafa, Jaime, Alfonso, Pepelu, Silvia y un servidor.
Murcia:
Cartagena, circuito ratonero pero amplio, buena temperatura, costa
mediterránea, pescaito frito…perfecto.
Pero
es que además, mi familia me había regalado (por mi 25 aniversario de bodas)
precisamente eso: conducir la XR en el circuito de España que yo eligiera.
A
Silvia también le pareció fenomenal. Lo tenía claro: mientras yo daba vueltas
como un yoyó ella disfrutaría de la costa murciana.
Moto
al carro y a disfrutar. Llegamos el miércoles justo para comer en Isla Plana y
pasear por la costa, disfrutando de un paisaje que los madrileños necesitamos
ver de vez en cuando.
El
jueves, ruta motera por la costa almeriense y comida fantástica en garrucha. Parada a la vuelta en Puerto de Mazarrón
Viernes: Portus y Cartagena monumental por la mañana, nueva comida de pescaito (no nos cansamos)
y rondas de tercios por la tarde con los Tostaos y Picneros, que han llegado a
isla Plana y se alojan muy cerquita nuestra.
El
sábado madrugamos para ir al circuito e inscribirnos en el evento, ligeramente
nerviosos, pero muy ilusionados.
Briefing,
presentación del monitor y primera tanda, sin apurar marchas cortas y a ritmo
medio. Mola mucho el circuito. Muy técnico, con curvas difíciles de trazar pero
muy divertido y estimulante.
Nos
ha tocado un monitor muy bueno. No para de orientarnos y darnos mil
indicaciones que no seguimos, pero no por desidia o desacuerdo, sino por
incapacidad manifiesta.
Aun
así, vamos mejorando y aumentando el ritmo. Somos un grupo que progresa
adecuadamente y en cada nueva tanda me noto menos tenso y más fluido.
Paramos
para comer felices. La diversión es total y estamos cumpliendo todas las
expectativas. Silvia viene a vernos y nota ese buen rollo que tenemos.
Por
la tarde bajamos presiones y las tandas se nos dan mucho mejor. Sigo sin hacer
algunas curvas bien, pero hay otras que ya las tengo por la mano. Voy más
rápido y la moto va más fluida (salta mucho menos el control de tracción).
Y sin darnos cuenta, se acaba el evento con la entrega de diplomas, con premio especial para Pepelu . El final perfecto, una auténtica pasada en todos los sentidos.
Pero no hemos acabado. Hay que celebrarlo y nos juntamos para cenar en Isla Plana, donde además de comer muy bien, nos tomamos unos cuantos limoncellos y sobretodo, nos echamos una risas a lo bestia.