martes, 9 de agosto de 2022

COSTA VASCA Y PIRINEOS NAVARROS

 

Buscábamos curvas y fresquito en nuestras vacaciones moteras y lo encontramos en el canal de YouTube de DBlackrider. Costa vasca y pirineos navarros, con sus videos y sus tracks, hicimos fácilmente un mix  a nuestro gusto. Muchas gracias.

https://www.youtube.com/c/DBlackrider/featured

Subimos por nacionales para no meterle caña a la G310. Tempranito y disfrutando de la entrada a Euskadi por Villarcayo y el Valle de Mena. No solo es una carretera bonita, es que además llegas a Balmaseda sin darte cuenta.


Elegimos de base de operaciones para la costa, Bermeo. Preferimos tener una base para tres o cuatro días y hacer excursiones a este y oeste, a ir cambiando de morada todos los días. De esta manera, sin equipaje, las maletas quedan operativas para la ropa de las excursiones y por la noche se disfrutan las cenas y los paseos en un entorno conocido. Cenamos en el Cannon, con unas vistas espectaculares.

Empezamos por el oeste (sin llegar a Bilbao y sus laberintos).

San Juan de Gaztelugatxe es una excursión muy recomendable pero con matices. Tanto la bajada como la subida requieren su esfuerzo y aunque no haga mucho calor, sí que hay mucha humedad.


Mucho mejor utilizar las escaleras tanto para bajar como para subir. La pista que permite el acceso es muy empinada y mucho más larga que el tramo de escalera.

Imprescindible llevar agua.



Al finalizar estábamos muertos pero contentos con la excursión y repusimos fuerzas en uno de los restaurantes de la entrada. El Eneperi. Muy recomendable.


Lo cierto es que la ermita no es precisamente santa María del Naranco  y el acceso, permite unas vistas, que cualquier cabo del cantábrico te da sin tanto esfuerzo…pero merece mucho la pena la visita.

Tarde de playa en Bakio. Temperatura perfecta tanto dentro como fuera del agua.

El día siguiente toca Este: Mundaka, Playa de Laida, Playa de Laga, Ea, Lekeitio, Ondarroa y Deba.



Todos los pueblos tienen algo que ver que merece la pena y las playas son geniales, pero lo que más nos impresiona, es lo fácil que es recorrer estas fantásticas carreteras costeras de trazado sinuoso, a vista de mar, prácticamente sin circulación.



Nada que ver con las carreteras costeras de Asturias o Cantabria, que son muy difíciles de disfrutar en verano. Ni un atasco, ni una aglomeración a la entrada de las playas.

También es importante reseñar, que todos los pueblos tienen aparcamientos gratuitos específicos para motos, muy cerca de las playas y los centros urbanos. Muy cómodo.


Por la noche cenamos en la Tala de Bermeo. Un lugar muy curioso. Dispone de varias mesas y bancos para hacer picnic con unas vistas increíbles y aunque hay varios sitios para comprar comida y bebida cerca, a nosotros nos lo trae un delivery. Se está tan a gusto y el sitio es tan chulo, que se llena de familias cenando con un ambientazo sorprendente.



De camino al pirineo decidimos volver a ir por la costa. Nos hacemos la pasarela de la playa de Lekeitio (con las botas de la moto, requiere equilibrio), nos tomamos unos pinchos y comemos en Zarauz, a pie de playa. Es que se está muy a gusto en la costa cantábrica. Playas a 25º, con agua fresca pero agradable y brisa marina.


Salimos de la costa vasca por Zarauz (San Sebastián y el país vasco francés lo tenemos conocido) y entramos en pirineos por Roncesvalles y el valle del Roncal.

Al llegar a Ansó no puedo menos que admirar el pundonor de Silvia con su 310.


Cuando uno llega a Ansó, vuelve a los 80”. Decenas de chavales, de todas las edades, jugando por el pueblo y pandillas de padres, tomando cerveza animadamente, con las terrazas de los bares a reventar.


Encontramos la única mesa libre de todas las terrazas del pueblo y nos contagiamos del entusiasmo del pueblo en la cena.

Día de descanso motero para Silvia. Se nos ha dado todo tan bien que no conviene tensar la cuerda. Desayuno suculento, paseíto por el pueblo y la llevo de paquete en la XR para hacernos la carretera de la Hoz de Biniés. Muy chulo y muy cerca. 
En Biniés aperitivo y vuelta a Ansó para comer y disfrutar de una refrescante tarde de piscina.



Por la noche cena en el Berari y copeo. Ya somos del pueblo, todo el mundo nos saluda como si fuéramos veraneantes de toda la vida. Se nos nota la felicidad en la cara.

Hoy moto total. Por la mañana salimos por Zuriza. Una carretera preciosa donde coincidimos con otra pareja de moteros sobre BMW´S. Él con una XR 1000 como la mía y la motera con una GS 750 (creo)…YA ES CASUALIDAD!!!!!!!

Cruzamos el valle del Roncal hasta Ochagavia, compramos para picnic y nos adentramos en la Selva de Irati. Hace hasta fresco y disfrutamos de la moto hasta Casas de Irati y de una pequeña ruta andando, hasta la cascada del Cubo. Comemos en el merendero, a una temperatura óptima, rodeados del bosque.




Queda mucha tarde y estamos on fire, así que subimos hacia Francia por el puerto de Larrau y ni las cortinas de agua que se ven a lo lejos, ni el cartel de “carretera cerrada” desaniman a Silvia y claro, va todo tan bien que hace falta algo de drama. No falla. Nos cae un chaparrón brutal en Larrau sin llevar los trajes de agua (culpa mía) y nos calamos en segundos. Milagrosamente hay un bar nada más pasar el pueblo (Logibar) donde nos paramos a tomar café, acompañados de decenas de moteros y ciclistas que comparten la misma situación.


El chaparrón pasa rápido y tanto la carretera como nosotros nos secamos en minutos, disfrutando a tope de La Pierre Saint Martín y del Larra-Belagua.





Vuelta a Ansó por Isaba y Zuriza disfrutando de cada kilómetro recorrido.

Cenamos en el Maiberal. Súper recomendable.

No nos queremos ir de Ansó. Pero no queda más remedio.

Nos despedimos del pueblo y de la gente de la casa rural (Casa Taconera) prometiendo volver. Recorremos las divertidas carreteras que llevan a Sos del Rey Católico y aunque hacemos una parada muy reconfortante en el parador de Sos, atravesamos las Bárdenas Reales a 36º. Cuando llegamos al hotel de Tudela, el termómetro marca 39º. Cañas y siesta con aire acondicionado hasta la hora de la cena.


Madrugamos para coger la carretera de Tarazona con fresco y llegamos a la parada del Burgo de Osma sin darnos cuenta y sin pasar nada de calor.

Una vez en casa, no dejo de flipar tanto con Silvia, como con la G310. Menudas dos fenómenas. Menuda suerte tengo.