Con moto nueva siempre surgen
ganas de hacer kilómetros. Le propuse a Silvia dejar a las niñas unos días (ya
son mayores-dije-) y hacer una escapada motera de una semana …y me dijo que si!!!!.
Una vez digerido el subidón, me puse manos a la obra para encontrar destino.
Muchas curvas, poco calor, bonitos paisajes=LOS ALPES.
En cuanto esbocé un rutómetro
inicial y se lo comenté a los colegas se apuntaron sin reservas y volví a
flipar, porque no era fácil para ellos apuntarse.
Nacho es una máquina de hacer curvas pero no está pasando su mejor momento y
Josemari y Sandra tienen que cuadrar fechas,
niños y 10.000 km de distancia. Gracias colegas.
Después se apuntó Claudio, el
primo de josemari (al que conocía de hace un montón de años de ir a ver las
carreras del mundial de motociclismo al Jarama…imposible mejor vínculo motero)
Con tan buena compañía empecé a
perfilar el rutómetro gracias a los foros y blog de moteros que habían
compartido sus experiencias en viajes anteriores por los Alpes. Mi prioridad
era cuadrarlo en 9 días y hacer los máximos puertos posibles.
Y después de darle muchas
vueltas, me salió este rutómetro:
Difícil, pero no imposible.
Nacho gestionó la reserva de los
hoteles a la perfección y el 11 de julio empezamos nuestra aventura alpina.
Los desplazamientos Madrid-Santa
Susanna-Madrid los haríamos en coche Silvia, Nacho y un servidor llevando en carro las motos, donde nos
reuniríamos en el Maresme con Jose, Sandra y Claudio. Un puntazo quitarse este
tramo tan aburrido, gracias a que los padres de Jose me cuidaban el coche y el
carro en su casa.
SANTA SUSANNA-NIZA
Viajar en moto por autopista no
es santo de mi devoción, pero si se va en una moto cómoda, con buena autonomía
y a una velocidad alegre tampoco está tan mal. Teóricamente, Jose y Sandra
cumplían todas las condiciones para disfrutar con su BMW 1200 RT de alquiler.
Claudio con su Fazer; y Silvia y yo con la Triumph Sport, tampoco tendríamos
que tener problemas y Nacho con la KTM 690… sufriría un poco.
Salvo que estés a 37º….entonces,
se convierte en un suplicio que solo vence la ilusión de compartir un viaje
motero con colegas.
Después de sudar en la autopista,
sudamos en Niza, donde el calor seguía presente, pero hicimos un poco de
turismo por la ciudad (preciosa), bebimos cervezas XXL y cenamos fenomenal. Así
que cuando llegamos al hotel a dormir (con aire acondicionado y céntrico) ni
nos acordábamos del calor de la autopista.
Subimos al mirador como unos campeones. Para seguir sudando un poquito
Efecto del jet lag y del caloret en Josemari. Un campeón con muchos kilómetros acumulados
NIZA-CHAMONIX
Salimos temprano a atravesar el
Parc National du Mercantour para subir a los Alpes lo antes posible y llegamos
al Col de la Bonette. Es nuestro
primer puerto y nos ponemos eufóricos con el trazado, el paisaje, la cantidad
de motos y ciclistas que nos encontramos. Todo es justo como lo imaginaba…pero
mejor.
Claudio empezó con el tiento que da la experiencia, pero se superó en cada étapa
La bajada es impresionante y después de un enlace llegamos al Col de Vars. Empiezo a apreciar que tanto la anchura, como el asfalto de los puertos es bastante mejor que el de los puertos Pirenaicos, tanto en vertiente Española, como Francesa.
Felicidad absoluta: en moto con Silvia
Enlazamos con el Col d’Izoard donde nos tomamos un
refrigerio (porque sigue acompañándonos el calor) y comentamos la jugada.
Nacho, alias "Tornanti"
Después de tres puertos nos viene bien la zona más rectilínea que nos acerca a
Briancon, donde paramos a comer y Sandra nos alarga el fondo, al encontrar un
pufo en la cuenta. Bien Hecho!!!
Sandra: Una campeona motera
Atravesamos el Col du Lautaret, torcemos a la derecha
y empezamos la subida del Col du
Galibier. Este puerto es tan espectacular, que en la cima final, transmite
un poco de vértigo.
Un grupo fenomenal
La bajada la hacemos tranquilos,
todavía estremecidos por su cima, tanto, que no apreciamos el siguiente puerto:
el Col du Telegraphe que nos acerca
a la A43.
Llegados a este punto, el
kilometraje y el cansancio acumulado nos aconseja separarnos: Jose, Sandra y
Caludio se van por autopista, vía Albertville, a Chamonix y Nacho, Silvia y yo
nos vamos a Chamonix por Italia.
Alcanzamos el Col de L’iseran en Val D’Isere y
seguimos encantados con los paisajes y las curvas de las carreteras, pero
además…HACE FRESCO. Esto lo cambia todo, de repente se nos renuevan las pilas,
hasta tenemos que ponernos ropa de abrigo debajo de la cordura.
Con estas nuevas condiciones coronamos La Rosiere y alcanzamos Italia a través del muy impresionante Col du Petit Saint Bernard.
El esfuerzo ha sido muy grande
pero ha merecido la pena, así que los tres nos pegamos abrazos y achuchones en
la cima, mientras miro a mi mujer con cara de admiración.
La bajada al valle de Aosta es
preciosa y además no tiene curvas, tiene TORNANTES!!!!!, nuestros mejores
amigos para la diversión. Ver a Nacho con la 690 hacer los tornantes (o
tornantis) es un espectáculo.
Puro vicio, oiga
Cruzamos el caro, pero
espectacular, túnel de Chamonix (11 Kilómetros) y llegamos al Hotel, donde nos
esperan nuestros compañeros, cansados pero felices.
Cena y cerveza en un local donde
nos atiende una majísima y guapísima camarera Granadina que se ha venido a
trabajar a Chamonix, desde Granada, en una Kawasaki 125 (¡!)...eso es una
motera y lo demás tonterías.
Las dejábamos hacer cualquier cosita, porque se lo ganaban en la carretera
CHAMONIX-REKINGEN
Si vas a Chamonix tienes que
subir al Mont Blanc. Nacho ya lo había hecho otras veces así que se queda
descansando en el hotel y busca un taller para tensar la cadena de la KTM. Los demás madrugamos y pagamos la abusiva
tarifa (que merece la pena) para subir al Aiguille
du Midi. El primer tramo del teleférico es espectacular, el segundo no
tengo palabras para describirlo. Las vistas desde las terrazas panorámicas son
increíbles y pasamos la mañana a 3842 metros de altitud flipando (literalmente,
se nota la falta de oxígeno) y con una óptima temperatura de 6º sobre cero.
Hacía un día increíble en el Mont Blanc
Comemos y salimos en dirección a
Suiza. Como los Suizos tienen su famosa y cara viñeta para acceder a las
autopistas, he diseñado el track intentando ir siempre por carreteras
nacionales y secundarias. En seguida llegamos a Suiza y atravesamos el puerto de
Forclaz.
Claudio tiene, a veces, la luz
del aceite de la FAZER encendida. Encontramos, en el camino, un concesionario
de motos y rellena lo poco que necesita.
Fue el único y pequeñísimo “incidente” con las motos en 3200 km.
A partir de aquí un tramo de enlace (largo)
con paisajes preciosos, muy buena carretera tanto de anchura como de asfalto y
demasiada circulación, nos lleva hasta los impresionantes lagos que rodean
Interlaken.
Salimos de la nacional y empieza
de nuevo la diversión con el primer puerto Suizo de categoría: Grimselpass; que asfalto, que trazado,
que paisajes…es perfecto para mi moto y disfruto como un enano.
La bajada también es
impresionante y llegamos a Gletsch, muy cerca de donde dormiremos…pero Nacho ha
entrado en calor y no puede irse al hotel sin hacerse un puerto más: el Furkapass (que haremos mañana)…la llamada
del Tornanti empieza a ser muy fuerte en él.
Atención a la cara de satisfacción de Nacho (con pupilas dilatadas) al ver los carteles que indican los posibles puertos a subir
Dormimos en Rekingen, en un
hotel encantador, dentro de una aldea Suiza típica, llena de enanos de jardín, con
unos precios carísimos, que serán una constante en Suiza.
REKINGEN-STELVIO
Empezar el día haciendo un puerto
tan bonito como el Furkapass te deja
marcado. El caso es que aunque se lleve GPS y Track a veces hay despiste y en
un cruce Nacho se equivocó y tuvimos que esperarlo (muy poco) en una pizzería
donde aprovechamos para comer. Sin problemas, un poco de dificultad en las
aventuras nunca viene mal.
Después de comer, un enlace y
llegamos al Oberalppass que no
disfrutamos a tope debido a la alta circulación.
Otro enlace, lleno de pasos de
montaña que dan acceso a valles increíblemente planos y amplios y alcanzamos el
Flüelapass donde, ya con menos
circulación, volvemos a exprimir las motos en su amplio trazado.
Sin tiempo de reacción otro
puerto increíble, el Ofenpass o Pass dal
Fuorn y enseguida, La frontera Italiana.
Los carteles indican la
proximidad del puerto de los puertos: El Stelvio.
La llamada del Tornanti ya es muy grande en todos nosotros…así que nos
acercamos al Hotel (en el mismo pueblo de Stelvio y muy recomendable) dejamos a
las señoras y el equipaje y Nacho me coloca la Gpro en el pecho y me dice que
le siga lo más cerca que pueda…glup…
Me lo dijo Claudio: 48 Tornantis desde la base de Stelvio hasta la cima (por la ladera de Bormio también hay unos cuantos.
Empezamos la subida y desde el
minuto uno Nacho entra, con la 690, de lado en los tornantes y sale en
caballito…y yo detrás..dándolo todo..pero no lo suficiente. No pondré de excusa
el peso y el volumen de mi moto respecto de la 690…es que sencillamente me
resulta imposible seguirle de cerca por conducción.
Me lo estoy pasando como en la
vida. La peña va más bien tranquilita pero no molestamos porque hay muy poca
circulación. Yo sabía que el puerto era alucinante pero no imaginaba lo largo
que era…empezamos a cansarnos (llevamos muchos kilómetros de curvas encima)
pero sacamos fuerzas de la adrenalina y alcanzamos la cima con una satisfacción
completa.
Arriba, las vistas son preciosas
y el ambiente genial, pero la euforia, cuando nos juntamos con Jose y Claudio, lo
supera todo.
Qué bien lo pasamos!
Ves: ni jet lag, ni sudores, ni curro, ni teléfono...Terapia: moto con colegas.
Después de un refrigerio y mil
fotos, Nacho me mira y me dice-bajamos
el puerto y me dejas tu moto, que me lo quiero volver a subir con más
potencia-. Yo le miro con cara de póquer y añade-súbelo tú con la mía, es la
moto perfecta para este puerto tan revirado-. Yo tengo una 690 así que se que
tiene razón, pero estoy muy cansado-vale, le digo, me hago unos pocos tornantis con la 690 y me vuelvo al hotel-.
Le veo subir de nuevo exprimiendo la Triumph siguiéndole a distancia.
La sonrisa que llevaba debajo del casco cuando
subí con la Triumph se convierte en una carcajada y sigo haciendo tornantis y tornantis
exprimiendo la 690 a tope, hasta que llego a la altura de Nacho (que se ha
parado a hacer unas fotos) y veo como fija su mirada en mí y su cara pasa del
asombro, a la carcajada y finalmente al asentimiento mientras paso a fondo a su
lado gritando como un loco: DALE POWEEEEEEEEEERRRRRRR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
De estos hechos acaecidos existe un video, que no se puede poner, claro.
Unos cuantos tornantes después, se enciende la reserva de
la 690. Intuyo el poder divino en la circunstancia y me bajo para el hotel
detrás de una Triumph (curioso) a buen ritmo pero controlando.
A la hora de la cena (muy buena y
económica) las anécdotas se suceden con tan buen rollo que nos vamos de copas
por el pueblo. Nos lo hemos ganado.
STELVIO-STRESA
Hay que volver a subir el Stelvio (que le vamos a hacer, je, je,
je). Esta vez lo subimos con equipaje y acompañantes, a ritmo turístico,
haciendo fotos y las chicas entienden nuestros comentarios previos y los asumen
como suyos. Nacho se ha levantado con “delirium tremens” de tornantis, así que
se hace un puerto no incluido en el track, para darnos tiempo a llevar a las
acompañantes a la cima.
La bajada del Stelvio hasta
Bormio tampoco está nada mal. Es muy bonita y la hacemos rodeados de motos.
Y así todo el Stelvio...para arriba...para abajo
Entramos en Suiza en busca del
Passo del Bernina y la ola de calor
nos da una tregua: nos llueve. Hasta nos hace ilusión, la temperatura es
perfecta y agradecemos el agua. Pero no nos engañemos; el asfalto brilla y el
ritmo baja, la diversión también. No se puede tener todo.
Comemos caro (es Suiza) pero muy
a gusto, enfrente del glaciar. Enseguida enlazamos con Sankt Moritz y su
precioso lago hasta llegar al Julierpass
y me reencuentro con los puertos Suizos tan propicios para la Triumph, con
trazados revirados pero amplios y con asfalto impecable.
Enlace, acompañados por el
paisaje de los grandes valles Suizos, hasta Thusis, donde tenemos que coger la
nacional 13. Pero no encontramos la entrada a la nacional y tememos meternos en
la Autopista 13. Nacho, finalmente encuentra la entrada (menos mal, porque había
una patrulla de policía y nos hubieran obligado a comprar la dichosa viñeta). Nos
adentramos en un cañón espectacular, que discurre paralelo a la autopista. Sin
embargo, nos dividimos, debido a la multitud de entradas y salidas. Nacho,
Silvia y yo pasamos por un túnel mientras Claudio, Jose y Sandra alcanzaban el San Bernardino Pass.
Seguimos por la 13 hasta Locarno
y atravesamos la ciudad bajo un túnel, sin oxígeno y con una temperatura
infernal, que nos deja marcados. Una vez pasado Locarno, entramos en Italia y
seguimos el contorno del Lago Maggiore hasta Stresa. La zona es preciosa, pero
la intensísima circulación, el calor y el cansancio a cumulado no nos deja
disfrutar del paisaje.
Una vez reencontrados en el
hotel, duchados y con los balcones abiertos hacia el lago, nos relajamos. Unas
birras, paseo a orillas del lago, gran cena, copas y algunos nos ponemos
románticos recordando tiempos pasados en ese mismo lugar.

STRESA-SAN REMO
Ya estamos en el valle. Esto se
acaba. Es la vuelta a casa. Pero la llamada del tornante es incisiva y
decidimos evitar la autopista (Italiana) durante los primeros kilómetros y
adentrarnos por la nacional y su trazado revirado hasta la costa azul. Se
convierte en un tramo muy placentero por el paisaje, el trazado y los pueblos
pintorescos. Ayuda mucho que hemos bajado el ritmo y no llevamos puesta la
cordura.
Por otro lado, Tanto Claudio como
Josemari y Sandra deciden acercarse a Milán, pues no lo conocen y queda muy
cerca del track. Los que lo conocemos preferimos no enfrentarnos al tráfico de
una gran ciudad.
Llegamos al mar en un santiamén y
paramos en un chiringuito playero a comer. Nada más llegar, Nacho nos llama:
está a punto de quedarse sin gasolina. Le damos tranquilidad telefónica y le
indicamos que hemos parado al borde del mar, con muy buena comida no
especialmente cara y un trato amabilísimo. Recuerda: estamos en Italia.
Un poquito de playa nunca viene mal
Nada más terminar de comer llega
Nacho. Problema resuelto, ha conseguido llenar el depósito. Cogemos autopista
para evitar los pueblos de costa (lo que hemos visto nos ha encantado, pero hay
mucha circulación) y llegamos a San Remo.
El Hotel está muy céntrico y la
playa también, así que no nos lo pensamos. La playa tiene piedras, pero la
óptima temperatura del agua, el ambiente y los chiringuitos hace que estemos en
remojo varias horas y tomemos varias birras (con muy buenas tapas). Nacho,
literalmente cierra la playa.
Por la noche la ciudad es un
hervidero. Hay mucho ambiente y la temperatura es muy buena. Damos un paseo y
cenamos (muy bien, algunos) cerca del mar, para terminar la noche tomando copas
con música en directo.
En San Remo mucha diversión, para todos los bolsillos
SAN REMO-SANTA SUSANNA
Estábamos preparados para casi
todo. Para pasar el mismo calor que a la ida, para superar el cansancio de los
kilómetros recorridos, para evitar el bajón de saber que las vacaciones se
acababan….pero no podíamos prever el súper atasco que se podía formar en la
autopista Francesa. Menos mal que con la moto podíamos avanzar por el arcén y
que los conductores de los coches miraban hacia otro lado cuando nos colábamos
en los peajes…sino, todavía seguiríamos de viaje.
El atasco y la autonomía de la
690 nos hizo disgregarnos, pero finalmente llegamos todos a Santa Susanna sanos
y salvos.
Los padres de Jose nos invitaron
a una suculenta cena Española (se agradece un montón después de comer ocho días
fuera de España) y después tomamos unas
copas para brindar por un viaje motero, que durante la preparación, tenía muy
buena pinta y que una vez realizado, ha superado
mis expectativas en todos los sentidos.
La vuelta a Madrid la hicimos con
el aire acondicionado del coche a tope.
Gracias a tod@s por vuestra
compañía y paciencia. A las chicas, mi más sincera admiración.
Moralzarzal, Madrid Julio 2015






















