Estuvo genial compartir
nuestras rutas de aventura, por tierras Lusas, con los niños el año pasado,
pero esta vez queríamos hacer una ruta de “mayores”. Citri lo necesitaba y
nosotros queríamos acompañarle. Nos juntamos: Héctor, Citri, Pablo y un
servidor en la que sería “la madre de todas las rutas de aventura”.
Empezamos como siempre: a
tope. Es increíble la capacidad de Héctor para meternos por los sitios más
complicados. El caso es, que se disfruta con la dificultad, pero no se avanza.
Enseguida nos llegó la hora
de comer y estábamos: cansados, contentos y con ganas de fiesta. El menú: “callos
con manitas de cerdo y arroz con bogavante”.
No se puede explicar con
palabras como disfrutamos de la comida y de la bebida.
Decidimos seguir ruta
tranquilamente, sin prisas…pero claro, en estas rutas la dificultad puede
aparecer en cualquier momento.
Una subida empedrada con
pendiente lateral y un barranco como ladera nos esperaba justo a la hora de la
siesta. Nada más intentar subirla, el Toyota desliza hasta el borde del
barranco. Susto gordo. Caras pálidas y risas de terror. Después de mil
maniobras, conseguimos poner en perpendicular con el Toyota, al patrol y al
Jeep y tirando con mucho cuidado de los dos winch lo sacamos del filo.
Nos hemos quedado exhaustos.
No nos queda un miligramo de adrenalina en el cuerpo. Seguimos ruta y paramos a
“merendar”. Pasado el peligro y el efecto del pánico, las risas y el cachondeo
no tienen límite.
Considero imprescindible en
la vida, reirme a lo bestia: en cantidad y con
calidad. Lo intento poner en práctica a diario y no recuerdo haberme reído
a este nivel en muchas otras ocasiones.
Cuando paramos a dormir nos
desmayamos.
La ruta del segundo día,
también se las trae y nos acerca a la frontera española junto a los acantilados
que nos separan de nuestros vecinos.
Al terminar el día decidimos
bajar al pueblo, cenar de restaurante y dormir en hotel. La relación
calidad-precio en Portugal nos hace añorar la España de nuestra niñez.
El pueblo está en fiesta…que
le vamos a hacer…toda la noche de cachondeo.
Despertamos pronto,
desayunar en el hotel y vuelta a casa. Imposible mejorar. Intentaremos igualar.




