De nuevo a disfrutar del 4x4
en el país vecino. Necesitamos que todo salga bien de principio a fin.
Necesitamos ángeles. Este año nos animamos a llevar de copilotos a nuestros
niños. Citri a Adri y Yerai en el Toyota y yo a Candela en el Jeep. Jota, Ana, Héctor,
Ramón y Palomo también nos acompañan (son niños grandes).
Las zonas están muy rotas
pero tenemos mucha experiencia y vamos con cuidado. Subimos un corta fuegos muy
largo y pedregoso y a Candela le empieza a entrar la risa tonta. Se lo está
pasando fenomenal y yo disfruto viéndola.
Al final de la subida hay
varias curvas cerradas y el patrol de Héctor se encalla en una zona muy
técnica. Después de mucho curro con los winch salimos de la zona, pero el cable
de Héctor se rinde.
Parada técnica y encuesta a
los niños: “nos lo estamos pasando fenomenal”. Nosotros también.
Por la tarde nuestra rutina:
zonas rotas, trialeras, tirar de winch, cortar maleza, avanzar poco a
poco…difícil pero satisfactorio.
Al llegar la noche Candela
está frita. Cogemos un hotelito cerca de la ruta y nos vamos a dormir pronto,
que mañana nos espera otro día duro.
El día siguiente la ruta
tenía unos berrocales espectaculares por los que subíamos y bajábamos
continuamente. Al llegar a un pueblo vimos un restaurante con carne a la brasa
y decidimos darnos un homenaje regado con vinho verde.
Al anochecer, al cansancio
se une la lluvia, así que nos dormimos rápido.
El día de vuelta a casa nos
encontramos con la ruta muy embarrada, el ritmo se ralentiza y tardamos en
coger carretera.
Candela se lo ha pasado en
grande y yo he disfrutado muchísimo de su compañía y de la de los demás
miembros de la aventura.





